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Toni Hill nos ofrece en “El Verano de los Juguetes Muertos” un thriller policíaco con tintes de novela negra, protagonizado por el inspector Salgado y con la ciudad de Barcelona como decorado. A primera vista parece todo parece bastante convencional. Un caso de agresión policial que ha obligado a Héctor Salgado a retirarse un mes de vacaciones y, tras su regreso, un caso bastante claro de un joven que, fumando sentado en una ventana, ha aparecido muerto en el suelo por lo que parece una accidental caída.

Pero tanto escritor como novela guardan un as en la manga. Ya desde las primeras páginas comienza a entreverse un complejo tejido de personajes, una red narrativa que se extiende con fuerza y equilibrio a medida que avanzamos en la lectura.

Esta estructurada narración de hechos está acompañada de un descubrimiento de la personalidad de los personajes constante, quienes sorprenden por el detallismo y el cuidado aplicados tanto en sus sentimientos, como en sus reacciones. Toni Hill es licenciado en psicología y, sin duda, esta cualidad le ha ayudado a reforzar su talento en la escritura para describir a personajes complejos a la vez que creíbles y, sobre todo, para transmitir al lector unas reacciones humanas, pero intensas, creíbles, pero sorprendentes.

El propio Salgado es un cúmulo de defectos que, en ningún momento parece afectar sobremanera a su talento natural para la investigación criminal. Un inspector que pierde los nervios cuando le domina la ira, divorciado de una mujer que ha decidido explorar la bisexualidad, un hijo al que atiende menos de lo que debería.. Su compañera, la novata Leire Castro, está perfilada con aún más defectos y flaquezas en su vida personal, frente a un don innato para afrontar casos de homicidio.

Lo único predecible en “El Verano de los Juguetes Muertos” es que el caso del presunto accidente del joven de la ventana se convierte en un misterio de excesiva complejidad y de mayor importancia de lo que creían en un principio. Si bien, éste y el caso que más importa para el personaje principal, el de la agresión a un supuesto traficante de niñas africanas, que casi le cuesta el puesto a Salgado, mantienen un buen ritmo, constante y equilibrado, llegando incluso hasta casi solaparse.

El lector se mantiene de esta manera en vilo, entre un caso y otro, descubriendo que conforme la lectura prosigue, los personajes son cada vez más complejos, más humanos y, por tanto, más capaces de cualquier cosa. Esto provoca varios giros de guión, en el que inconscientemente se intenta descubrir al culpable para que, cuando todo parece clarísimo, aparezca una prueba o un hecho que lo refute completamente y tengamos de nuevo que volver a buscar al verdadero asesino, si es que lo hay.

El autor se muestra más ágil en las conversaciones entre personajes que en los monólogos sentimentales de los implicados. Esto ayuda sin duda a mantener la duda sobre quién es culpable de qué exactamente, pero frustra sobremanera cualquier intento de desentramar alguno de los complejos casos a los que el escritor nos enfrenta.

La escritura de Hill es directa, más centrada en las reacciones de los personajes que en el detalle del entorno. Nos encontramos en un verano de la actual Barcelona, en las zonas más aburguesadas de la ciudad y en ambientes extremadamente correctos, en claro contraste con los sentimientos de los personajes, rodeados de muertes cada vez más inquietantes. En algunos retazos de la novela podremos disfrutar de la zona del turística del puerto o de otras zonas de menor clase, sobre todo en las referencias a la investigación sobre el doctor Omar, el traficante de niñas.

“El Verano de los Juguetes Muertos” se ha convertido con razón de peso en un bestseller internacional. Toni Hill ha sabido desarrollar un thriller multitemático serio a la vez que entretenido, con una narración más asequible que la mayoría de sus contemporáneos en la literatura española. Unido al excelente guión policial, ha permitido elaborar una novela atractiva y adictiva, pues se piden más aventuras del inspector Salgado y de sus compañeros. Algo que Toni Hill no ha dudado en facilitar a sus seguidores lo antes posible. “Los Buenos Suicidas” está ya a la venta y el autor ha asegurado la trilogía, por lo que tendremos novela negra policial con Salgado al frente durante un tiempo más. Aunque tememos que menos del que nos gustaría.

Lo mejor: El tratamiento de los personajes es perfecto, sus reacciones sorprenden y están extremadamente cuidadas. También el tejido narrativo de subtramas y múltiples temáticas interconectadas no se muestra frágil en ningún momento.

Lo peor: La poca transcripción de detalles en el entorno y escenarios impide aventurar cualquier solución a primera vista, lo que puede evitar ser predecible, pero también frustra en múltiples ocasiones al lector que quiera avanzar juicios prematuros sobre los sospechosos.

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Los Buenos Suicidas
Hace poco terminó Navidad. Sumida en plena crisis económica, Barcelona es ahora una ciudad más fría y lluviosa. La desaparición de Ruth, su ex mujer, obsesiona a Héctor Salgado y quizá el caso que le acaban de asignar pueda hacerle olvidar por momentos su caída en desgracia.

El director financiero de una compañía de cosméticos mata a su esposa y luego se suicida. Lo que parece un caso de violencia doméstica llevado al extremo se revela como algo mucho más complejo al hallarse indicios que lo relacionan con otra muerte. En el mundo de la empresa, las mentiras son solo la fachada de una maldad mayor.

Mientras, encerrada en casa por una prematura baja médica, Leire Castro, la pareja de investigación de Héctor, sigue la pista perdida de Ruth. Lo que no sospecha es que puede destapar peligros que nadie habría imaginado.


Agradecimientos: Gracias a DeBolsillo por facilitarnos la novela con la que poder hacer la reseña.

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