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El Sicario de Dios - CríticaEl futuro. La religión cristiana ha conquistado la vida social, económica y la fe de todos los ciudadanos humanos. Recluídos en una ciudad totalmente amurallada y desprovista de la protección del sol, los ciudadanos son dirigidos por clérigos que intentan olvidar la existencia de vampiros en guerras que terminaron hace años.

Uno de los soldados más valientes de la Iglesia, llamados sacerdotes, es informado de la desaparición de una joven de 18 años por un grupo de vampiros que se dirige hacia la ciudad. Sin el apoyo de los eclesiásticos, quien lo consideran un desertor, el sacerdote se embarca con su informador en busca de la chica y con el fin de demostrar la todavía amenazante existencia de vampiros.

Una mezcla de acción futurista y spaguetti western, que permite disfrutar de acción “in crescendo” de principio a fin, pero que no termina de sorprender apenas. La historia es más que típica, un antihéroe veterano en busca de un antiguo enemigo que ha secuestrado a una joven con la que resulta tener un parentesco absurdamente increíble y que, lejos de aportar tensión dramática a la narración, convierte el guión en una farsa copiada de otras películas similares.

Lo único novedoso en El Sicario de Dios es la apariencia de los vampiros como monstruos inhumanos, movidos por instintos. Son inteligentes y fuertes, pero actúan en manada, son todos iguales a excepción de La Reina y algún que otro centinela gigantesco y se reproducen mediante larvas en la oscuridad. Su apariencia es lo más llamativo, seres sin ojos, con extremidades muy flexibles y cómo no colmillos super afilados.

Pero aparte de esta sorprendente iniciativa de estilo, su comportamiento y apariencia es más similar a la de aliens tontos que a un nuevo subgrupo de seres sobrenaturales con promesas falsas de constituirse en una nueva especie de subseres.

Toda la película rezuma copia e intrascendencia. El guión es manido y la acción nada novedosa. Eso no le quita impresionismo. Las peleas tienen un ritmo alto y son entretenidas, pero todo lo que muestran se ha visto anteriormente, o si no al menos algo muy parecido.

Si algo es sobresaliente es el escenario, un yermo apocalíptico más típico de videojuegos fatalistas que de películas de vampiros. En El Sicario de Dios no hay romanticismo. Los actores cada vez acumulan más polvo en su piel y ropas. Los vampiros son animales sedientos. Y el malo de la película, una especie de Blade en su versión blanca y con mucho menos músculo, es el típico bocazas con una inconmesurable fuerza que lo hace un contrincante imposible.

La mezcla de casuchas del Oeste y trajes de vaquero combinan a la perfección con motos de innovadora tecnología y armas semi medievales combinadas con armas de fuego muy potentes.

Pero lo que podría ser el nacimiento de un nuevo universo artístico con múltiples historias e infinidad de secuelas, se queda en nada al no aportar la más mínima originalidad, con un final excesivamente largo e inadecuado, y el fallo de intentar fundir dos temas demasiado sobreexplotados en este momento, como son la temática religiosa y los vampiros.

Paul Bettany viene que ni al pelo como sacerdote de expresiones duras y un corazón sólo perteneciente a su dios. Pero su excesivamente serio y casto personaje le impide reflejar una personalidad más pegadiza.

Cam Gigandet es un mero comparsa con más físico y cara bonita que calidad interpretativa. De acuerdo que su papel de acompañante no permite mucho más, pero sus posturas de chico duro y guapo, así como las frases que por guión eran inevitables de expresar entre compañeros de lucha, le restan toda veracidad interpretativa.

Por último, al menos sin desvelar más “sorpresas” de personajes, Maggie Q realiza un papel mucho menos rentable artísticamente que sus otras interpretaciones. A pesar de ser una sacerdote-acompañante del protagonista, su coreografía es mucho menos creíble que aquella de la que hizo gala en Jungla de Cristal 4.0, mientras que su papel como Nikita en la serie televisiva, está siendo infinitamente más elaborado que el de su personaje semi-florero que le han encasquetado en este film.

Aún sin ser una total pérdida de tiempo, El Sicario de Dios es una entretenida película que aprovecha sus escasos 87 minutos para una acción trepidante, con muy pocas pausas y un ritmo ascendente sin resultar excesivo. No esperéis que cinematográficamente os llene, si no más bien aceptarla como un entretenimiento palomitero rápido y explosivo, sin más.

Valoración: 4/10

Lo mejor: Los efectos especiales, el entorno apocalíptico, el ritmo imparable de la acción y, sobre todo, el tratamiento de los vampiros.

Lo peor: La floja y nada original historia, las frías interpretaciones y un guión sin novedad alguna.

Alternativas: Los vampiros han sido magistralmente retratados en la trilogía de Blade, mientras que los mundos apocalípticos con más acción son los correspondientes a la saga de Resident Evil.

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