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La otra noche pude ver en Movistar+ Cuando el destino nos alcance. Fue una decisión fácil, leí el argumento que trataba sobre un futuro distópico en una Nueva York con 40 millones de habitantes y sin sitio ni alimento para todos. El protagonista además era Charlton Heston y el arte promocional mostraba a unos camiones arrastrando a masivas cantidades de humanos por la calle. Era una apuesta segura.

Comienzo a ver el film y la presentación es sublime, con una explicación práctica de cómo la sociedad ha evolucionado hacia un apocalipsis económico y alimentario, al que estamos avocados para Cuando el destino nos alcance.

La sociedad que vemos en esta Nueva York del siglo 2022 efectivamente vive en un espacio imposible, hacinada en la calle y, sobre todo en las escaleras. Cada imagen presentada en esta distópica historia es digna de analizar. Las escaleras sobre las que el protagonista debe caminar para llegar a su habitación, la bicicleta necesaria para dar electricidad a la casa y, por descontado, el alimento Soylent Green (aunque también hay versiones en amarillo y rojo) que todo el mundo necesita para sobrevivir.

Sólo los ricos pueden comer comida, que se basa en tomates, lechuga y carne de buey si se desea algo realmente especial. Ellos viven en unos pisos individuales que hoy en día ya son una pasada, pero en el año 1973 cuando se estrenó este film de Richard Fleischer eran dignos del futuro más atractivo, con ascensor privado, guardaespaldas, aire acondicionado y calefacción y, también armarios.

Pero no los armarios conocidos actualmente, sino mujeres que formaban parte del mobiliario, de manera que cuando una casa quedaba libre ellas también se incluían y podían aceptarse o descartarse con lo que terminaban en la calle.

Que las feministas se calmen, además de ser no sólo ficción sino ciencia ficción, se trata de una sociedad distópica en la que nadie se libra. Los policías son ladrones, Charlton Heston como todos; la gente se puede suicidar viendo antes vídeos de cómo era el mundo; y excavadoras urbanas van acabando con el problema de masificación con palas gigantes en mano. Todo vale.

La historia es propia de un thriller científico de los buenos. Un directivo importante en la junta ejecutiva de Soylent es asesinado por orden de sus compañeros, que contratan a un don nadie para el trabajo. No hay testigos ni hay pruebas, aparentemente, pero Thorn (Heston)es a pesar de todo un buen investigador, tozudo como pocos y conformista como muchos, pero capaz de encontrar un culpable cuando todo el mundo le dice que abandone.

A partir de ahí las escenas son en todo momento una demostración magnífica de cómo aplicar un guión de ficción de forma efectiva, son duras y directas, muy por encima de lo que hoy en día nos ofrecen en propuestas de agua dulce.

Tampoco vamos a decir que somos tan ignorantes como antes y lo cierto es que nos las sabemos todas en muchos géneros, por lo que el argumento de Cuando el destino nos alcance es bastante predecible. Pese a ello, os aconsejo disfrutar del film, de sus peleas, de sus persecuciones, de la presentación de una sociedad bajo un cielo en paleta quemada que simula un calentamiento global que todavía entonces no era tan conocido y, sobre todo, un futuro que no parece tan descabellado conforme nos acercamos al año 2022 y el destino termine alcanzándonos.

Soylent Green

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