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Matar el Tiempo

Matar el Tiempo

World Line Cinema nos presenta Matar el Tiempo, dirigida por Antonio Hernandez (Los Borgia, La ciudad sin límites) que vuelve a ponerse detrás de la cámara con un thriller psicológico que pone en evidencia los peligros de las nuevas tecnologías.

Protagonizada por Ben Temple (Rec, Los fantasmas de Goya), Yon Gonzalez (Perdiendo el Norte, Bajo sospecha), Aitor Luna (My Bakery in Brooklyn, Las aventuras del capitán Alatriste) en los papeles principales y la debutante Esther Mendez. La película se presentó en la sección oficial del festival de Cine de Málaga, Cine Español, en su decimoctava edición.

En palabras del director Antonio Hernandez: “la tecnología de la comunicación nos ha convertido a todos en espías de todos, testigos de la vida de los demás, queramos o no. Internet, las redes sociales, la telefonía móvil, la versatilidad de los medios. La ausencia de intimidad. Creemos usarlo en nuestro beneficio pero podemos ser sus víctimas”.

Robert H. Walton (Ben Temple) jamás sería un héroe, pero por circunstancias podría acabar siéndolo, como cualquiera de nosotros. Norteamericano, trabaja en una ciudad española auditando un banco para una compañía neoyorquina. La rutina y la lejanía de su hogar le empujan a tener siempre la dependencia de una webcam para poder estar presente en su casa a través de la red. También para entretenerse en su tiempo libre.

Es así por internet como conoce a Sara (Esther Mendez), una particular y bellísima mujer en la que Robert encontrará cosas que ya había olvidado.

Pero Robert ignora el viaje que ha iniciado. Cuando está concertando un encuentro con Sara a través del ordenador, dos tipos irrumpen en el apartamento de ella. Son Diego (Aitor Luna) y Boris (Yon González), hermanos de poco más de treinta años, que reclaman a Sara la entrega de su hijo como pago por tratos anteriores con la mafia. Ella se niega a revelarles el paradero de su bebé, y Robert se convierte entonces, a través de la webcam, en testigo invisible de los acontecimientos. Víctima y héroe de un submundo en que las reglas del juego se escriben con sangre. Un “reality” que le atrapa en la pequeña pantalla de su ordenador, tirando de su corbata de ejecutivo, tal vez para ahorcarle.

Ahora le queda elegir. Arriesgar su vida, o condenar la de la única persona que le devolvió el sentido a la suya.

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