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DeAPlaneta nos ofrece esta entrevista a Giulio Ricciarelli, director del thriller histórico La conspiración del silencio, en el que nos trasladamos a Frankfurt, año 1958: nadie quiere mirar atrás, al régimen nacionalsocialista. El joven fiscal Johann Radmann encuentra unos documentos que le permiten poner en marcha un proceso judicial contra algunos miembros de las SS que sirvieron en Auschwitz. Pero los horrores del pasado y la hostilidad hacia su trabajo lo llevan cerca del colapso, pues le resulta casi imposible abrirse paso a través de un laberinto en el que todo el mundo parece estar implicado o ser culpable. Estreno en cines el 23 de Enero de 2015.

¿Cómo reaccionó cuando se encontró por primera vez frente a este tema?
Me pareció una historia increíble. Me costó bastante creer que los alemanes de finales de los años 50 nunca hubieran oído hablar de Auschwitz. Fue durante mi investigación cuando me di cuenta de que efectivamente era así. Como persona joven, siempre había tenido la impresión de que el periodo nazi se había estudiado y tratado mucho en Alemania después de 1945 mediante clases de Historia, una gran variedad de películas y visitas a los campos de concentración.

Pero lo cierto es que, tras el final de la Segunda Guerra Mundial, prácticamente no se abordó nada en profundidad durante varios años; en lugar de eso, se intentó silenciar aquel pasado oscuro. Era un capítulo de la historia del que nadie quería hablar. Ni sobre los ejecutores, ni sobre las víctimas. Por supuesto, había gente que sabía de Auschwitz, pero la mayoría de los alemanes, no. Y es un tema que se habría seguido silenciando si no hubiera sido porque cuatro personas valientes (el fiscal general y tres fiscales jóvenes) superaron todos los obstáculos y hubieran defendido su visión de los juicios de Frankfurt. Cuatro héroes que cambiaron Alemania para siempre.

¿Cómo definiría a su personaje principal, el joven fiscal Johann Radmann?
Johann es un jurista muy germánico, seguro de sí mismo y bastante formal con una educación humanista y unos valores morales claros. Su talón de Aquiles es su forma tan rígida de ver las cosas, o blanco o negro. Al principio, cree que sabe lo que está bien y lo que está mal. Pero con el curso de los acontecimientos se da cuenta de que no es su función juzgar a los demás. Él sólo puede llevar a cabo este juicio con humildad.

En su película, ofrece un espacio para el debate para el lado contrario.
Sí, significaba mucho para nosotros. Por supuesto, sentimos que tenemos que enfrentarnos a nuestro pasado. Pero la parte contraria también puede alegar buenas razones. El canciller de la República Federal de Alemania Konrad Adenauer fue el que estableció la doctrina de que había que trazar una línea y correr un tupido velo sobre el pasado. Esa fue la postura oficial contra la que tuvieron que luchar Fritz Bauer y sus colegas. Y el fiscal Friedberg condensa la cuestión en su pregunta a Johann Radmann: «¿Quieres que todos los jóvenes de este país se pregunten si su padre fue un asesino?».

¿Hasta qué punto pudo contar con frases originales a la hora de escribir los diálogos?
Muchas declaraciones de Fritz Bauer se han conservado, sobre todo gracias al trabajo del Instituto Fritz Bauer. Por supuesto, también nos basamos en declaraciones de testigos durante el juicio. Y la pérfida argumentación del abogado Lichter de que la «selección» fue un acto de humanidad que tenía como objetivo salvar vidas humanas está sacada de la estrategia de defensa de un abogado durante los juicios de Frankfurt. En cuanto a los hechos históricos, intentamos ser lo más correctos y preciosos posible. Sólo nos permitimos ciertas libertades narrativas en lo referente a la vida interior de los personajes. No queremos dar una lección de historia a los espectadores, sino una experiencia cinematográfica emocional. Por eso hemos intentado una y otra vez suavizar la acción con a través del humor, no con payasadas que no vienen a cuento, sino con un humor delicado que surge de los personajes. Creo que es un error decir: «Dios mío, es un tema muy serio, ¡no se puede uno reír con algo así!».

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