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Mi otro yo

La noticia de que Isabel Coixet se atreviese a acometer una historia de thriller sobrenatural sorprendió tanto a los medios de comunicación como a los propios fans de la directora. No es su estilo, ciertamente, pese a que sea una experta en retratar de forma abstracta todo tipo de situaciones cotidianas.

Por ello, Mi otro yo supone un reto considerable para la realizadora, así como también una nueva etapa en su trayectoria profesional que seguirá o no en función de la rentabilidad que le aporte el género así como su interés artístico.

Mi otro yo
Mi otro yo

Mi otro yo nos propone una historia mundana y siniestra al mismo tiempo. Una familia formada por padre, madre e hija se ve acometida en su eterna felicidad por una mortal esclerosis múltiple que acucia de repente al patriarca. Próximo a su muerte y bajo el cuidado de su familia, cada uno afronta la situación a su manera. Pero no, no es un film dramático, al menos en teoría. ¿Lo es en la práctica?

Esta historia de tensión lacrimógena se ve aderezada por cierto elemento supuestamente sobrenatural. Feith, la hija de la familia, siente que alguien le persigue y está suplantando su identidad. Temerosa e inexperta, la muchacha afronta la situación con cierto valor y mayor temor bajo el riesgo de volverse completamente loca.

Siente que es perseguida en el instituto, que le siguen hasta casa, que le imitan en vestuario, rutinas y peinado. Y esta situación se compagina con el drama vivido en casa, con una madre enamorada de su amante en muy poco secreto, la presión de ser la estrella de la obra de teatro, la envidia de algunas compañeras, el amor de su primer novio, su primer beso, su primera vez.

Mi otro yo
Mi otro yo

La tortura psicológica a la que Coixet somete a la niña-mujer es demencial, hasta el punto de que curiosamente son las escenas de terror las que reconfortan al espectador (y a ella misma) dado que se identifica un enemigo a batir, aunque no se sepa cómo.

El problema de Mi otro yo radica en la propia genialidad de la directora. Es un film de gran componente Coixet. Fotografía, iluminación y montaje son exquisitos, la parte dramática es como siempre el punto más sobresaliente de su realización, así como las pinceladas de terror desbordan creatividad y efectividad. Pero falla el componente de thriller.

Si Mi otro yo se vende como un thriller sobrenatural, se esperan pinceladas de terror y las hay. No se espera drama, pero está muy bien presentado, así que se puede aceptar. Lo que no es permisible es un thriller de débiles pilares. La investigación del otro ser es mínima, la vinculación de los padres en el caso está resuelta con trucos de artificio y las situaciones tanto en el instituto como en sus alrededores carecen de fuerza.

Hay un par de escenas que prometen pistas de un buen thriller, pero la consecución de hechos posteriores arruinan toda la función, que se podría definir perfectamente como cuento de hadas, de estilo clásico, aquél en el que ningún protagonista era feliz y la crueldad se mostraba como principal moraleja.

En la parte interpretativa, el 90% del peso del film recae sobre Sophie Turner como una incoherente adolescente superada por los hechos que suceden a su alrededor e incapaz de tomar elecciones correctas.

Mi otro yo
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Claire Forlani y Rhys Ifans son unos padres distanciados con interpretaciones creíbles a nivel dramático. El padre en concreto, principal vínculo con el caso del otro ser también refleja un papel creíble e interesante, pero algo desaprovechado. Finalmente queda el olvidable paso de Jonathan Rhys Meyers por la película, en forma de profesor-amigo que desentona con la cruda realidad del resto del film.

Mi otro yo es un film recomendable para los seguidores de Coixet porque verán su inconfundible estilo en cada toma, así como también de los amantes de historias sobrenaturales contadas de forma suave, aunque con cierta pizca de violencia intratable. Pero no es un thriller y no debería verse como tal.

Mi otro yo

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