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La soga

La Soga comienza con muerte, la de un universitario amigo de los protagonistas, quienes a su vez son los asesinos. Esta película de Alfred Hitchcok estrenada en 1948, adapta la obra de teatro homónima de Patrick Hamilton en 1929. Gracias a ello reduce su espacio al lujoso piso de estos dos psicópatas, donde se celebra una fiesta con el cadáver del amigo escondido en un arcón, sin que nadie sepa nada.

La importancia de la película va más allá de su argumento, excelentemente representado con John Dall, Farley Granger y James Stewart. Hitchcok inició con La Soga el cine en color y, técnicamente hablando, innovó un film de plano-secuencia continua.

El director quería grabar la película sin ningún corte, pero las cámaras de la época sólo permitían hacerlo durante 10 minutos seguidos. De esta forma, se nos presentan varios cortes aprovechando el fondo de espaldas, el arcón o elementos similares.

La sogaDado que el espacio donde se representa la trama era bastante reducido, se construyó una secuencia de decorados móviles que iban evolucionando conforme las horas de la trama transcurrían. Esto fue una evolución del deseo original del director de grabar todo en tiempo real, algo que también por las características de las cámaras utilizadas fue del todo imposible.

Como hemos comentado, la película nos muestra el inicio y final de una fiesta donde acuden varios amigos de universidad, los padres de la víctima, el antiguo profesor Ruppert (Stewart) y la doncella, encargada de servir la cena y recoger todo.

El espectador asiste a una consecución de diálogos medianamente complejos y a varias situaciones de tensión en las que el descubrimiento del cadáver es el mayor riesgo al que se someten los protagonistas.

Narrativamente el subtexto homoerótico y las continuas referencias a teorías de Nietzsche causaron polémica, curiosamente más en el extranjero que para la propia censura estadounidense.

Los dos protagonistas son para muchos críticos pareja homosexual o bisexual, algo que se hace entrever por sus ademanes, inquietudes, comentarios y proposiciones. El subtexto se amplía con temas de piano representados en la película y que corresponden a autores que se conocieron públicamente como homosexuales. Este hecho motivó que muchos actores rechazasen los papeles protagonistas para la cinta.

La teoría de súper hombres, trasladada a conceptos como hombres privilegiados o personas superiores, es la que justifica el asesinato perpretado por los protagonistas, que además consiguen en varias ocasiones durante el transcurso de la historia, plantear el mismo debate a los asistentes a la fiesta, cada uno con su propia postura.

En definitiva, La Soga es una película imprescindible para los amantes del thriller y los interesados en la experimentación cinematográfica, pues le valió a Hitchcock ampliar sus opciones con la cámara e innovar diversas técnicas que aplicó de forma más desarrollada en films posteriores. Y para quienes disfruten con el teatro, seguro que también encontrarán La Soga más que interesante.

Cartel: Las Sombras de Hitchcock

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