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Atrapada en la OscuridadAtrapada en la oscuridad es un remake no declarado de Sola en la oscuridad, film de 1967 con el que comparte el punto más importante del argumento: Una mujer ciega será víctima del acoso de dos ladrones.

En esta ocasión también tenemos una historia contemporánea, aunque nos explican a modo de introducción cómo Sara, la protagonista, pierde la vista durante una operación militar en Afganistán, donde está enviada como reportera.

Lo que parece una innecesaria presentación de la discapacidad de Sara, en realidad es la parte más creativa del film, por dos razones. La primera por estar excelentemente grabada, tanto por efectos especiales como por entorno retratado pese a durar apenas unos minutos. En segundo lugar porque esta experiencia sirve de paralelismo en varias secuencias durante el metraje, que Sara recuerda al comparar lo que está viviendo con aquél acontecimiento traumático.

Y si hay alguna cosa reseñable en Atrapada en la oscuridad (porque muchas no las hay) es precisamente que la acción comienza en breves minutos. Se presenta fácilmente a los personajes, un par de situaciones comprometidas y cuando la chica llega a casa, el cadáver de su novio está desangrándose en el suelo de la cocina sin que ella se dé cuenta.

Si fuera un cortometraje, al terminar aquí sería perfecto, pero lamentablemente el film continúa. Tendremos dos ladrones, uno bastante torpe que incluso con la vista perfecta a duras penas está al mismo nivel que la víctima y otro, protagonizado con algo más de acierto por Michael Keaton a quien, sin embargo, el guión le resta total aptitud y credibilidad.

El problema de Atrapada en la oscuridad no es el planteamiento ni siquiera la resolución de ciertos momentos de tensión, sino la incoherencia. La ciega es a veces un Daredevil femenino capaz de sentirlo todo y otras veces parece que nunca hubiera vivido en su piso, donde transcurre toda la acción. Los ladrones son salvajemente crueles o totalmente comprensibles. Pasan de la estrategia ladrón bueno y ladrón malo a ladrón malo y ladrón más malo, luego ladrón bonachón, ladrón torpe, de nuevo ladrón malo y así va variando la personalidad de ambos en una constante montaña rusa emocional.

La incoherencia llega a límites insospechados con actuaciones de secundarios como el botones incapaz de escuchar su instinto ni siquiera los gritos de la mujer de “¡huye y llama a la policía!”; la hermana y el cuñado que, para más inri, es policía, pero no se aprovecha en absoluto este pequeño detalle; el escándalo que se forma en el piso, que debe estar más insonorizado que las discotecas de Ibiza… Y así un largo etcétera que hace de Atrapada en la oscuridad una película pasable y entretenida, pero en la que te sorprendes soltando más de una vez frases del tipo “¡Venga ya!”

Carátula: Emon

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