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Robocop

José Padhila se ha atrevido con algo que muchos comentaban pero pocos tenían valor para llevar a los cines. Robocop 2014 es una realidad, le guste a muchos, le disguste a muchos otros. Ha mezclado dosis de la cinta original de Brian de Palma Paul Verhoeven y ha creado nuevos argumentos con los que reiniciar la franquicia. Lo que es innegable, es que este director brasileño ha creado una película de ciencia ficción  y tiene algunos puntos que si los hubiese mostrado en los 80 sería considerado un título de culto. Pero esto es el siglo XXI y no es tan fácil sorprendernos.

El argumento que tenemos en esta nueva versión es el de dos policías en una investigación de infiltración, que son atacados por unos mafiosos que reciben un soplo de sus verdaderas identidades. Mientras uno casi muere en acto de servicio, el otro, Alex Murphy (Joel Kinnaman), recibe el impacto directo de un coche bomba, siendo peor la opción de sobrevivir que la de morir.

En este futuro cercano, en el que los robots son enviados a pacificar otros países, una ley estatal prohíbe el uso de los mismos en territorio norteamericano, por lo que la empresa de desarrollo robótico Omnicorp utiliza a Murphy como conejillo de indias para potenciar la aceptación de los robots y reconvertir a antiguos policías retirados en máquinas de una eficiencia impecable. Obviamente no se trata de una actividad social, sino una búsqueda de sacar beneficio económico de ello.

No seamos ingenuos. Por muchas críticas que la película haya sufrido, cuando el título metalizado de Robocop se presenta a lo ancho de toda la pantalla con una banda sonora en homenaje a la película original todo espectador recibe una descarga de adrenalina, de esperanza, de regreso en el tiempo. Esto es Robocop, al fin y al cabo.

Robocop

Las similitudes con la película original se limitan a un argumento inicial similar y a la construcción de un traje parecido en inicio al de antaño, aunque posteriormente en un golpe de acción promocional, se le da un estilo ennegrecido, más elegante y pulido. Esta acción resume en gran medida lo que Padhila ha hecho con la historia. La violencia sigue presente, hay sangre aunque en menor cantidad y mucho más comedida en su presentación.

De hecho, mejora en parte la saga con algunas escenas memorables. La inicial, por ejemplo, es toda una crítica a las acciones militares de Estados Unidos en forma de exacerbada defensa, tal y como presenta el personaje de Samuel L. Jackson, conductor del programa más patriótico jamás visto, al menos en la ficción. El asesinato brutal de los civiles queda grabado en la retina del espectador a fuego, recordando con ello el peligro de estas máquinas tal y como la primera película esbozaba en sus últimos minutos.

La presentación de Robocop también es inolvidable, sobre todo en la escena en la que es mostrado en toda su Humanidad, desmontado pieza por pieza y presentado a sí mismo como apenas un par de músculos cogidos con pinzas metálicas. Una imagen impactante.

Por último, destacamos los combates de Robocop, tanto en las pruebas militares como en la poderosa escena final de un 3 vs 1 contra los temidos ED-209. Los efectos por ordenador son inapreciables y, aunque tu mente te dice que lo que ves no puede estar sucediendo de verdad, tus ojos no te dan ni una pista que demuestre tal afirmación.

Robocop

Por supuesto, Robocop de 2014 tiene fallos, siendo el principal estar basado en una de las obras más antológicas de la ciencia ficción cinematográfica. Antes de nacer ya había muerto de éxito. Las notables exigencias no han podido ser superadas pese al buen hacer de Gary Oldman y Michael Keaton que, ciertamente, tenían unos personajes algo estereotipados que podrían haber mostrado una humanidad menos predecible.

El compañero de Murphy, pese a ser ahora hombre y afroamericano, no pinta nada en la historia, su presencia es anecdótica y, quitando un par de intervenciones y alguna frase ingeniosa como “ahora eres del color adecuado”, su participación no hace olvidar a la mítica Nancy Allen como Anne Lewis.

Finalmente, la historia carece de sentido. Omnicorp es claramente malvada y Samuel L. Jackson no convence, no por su interpretación, sino por la falsedad de su personaje. Ni él mismo se lo cree. En lugar de ello, el intercambio de roles hacia un periodista incrédulo hacia los robots y potenciador de un odio casi racista hacia ellos, habría sido más predecible pero permitiría la construcción de una historia sólida y creíble. Así como también recomendaríamos a una Omnicorp víctima de su propia avaricia, en lugar de una despiadada multinacional que parece tener dominado a Robocop hasta la última escena.

En conclusión, Jose Padhila lo ha hecho bien, nos ha traído de vuelta a Robocop en el exigente siglo XXI y consigue un resultado aceptable. No podrá equipararse a Paul Verhoeven, pero es que esto ya no son los años 80.

Robocop

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