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Upstream Color

Upstream Color

Upstream Color es una película de cine americano independiente perteneciente al género de la ciencia ficción. Escrita, dirigida y producida por Shane Carruth, quien también se encarga de la música, de la fotografía y del papel protagonista, en una muestra clara de la mentalidad “si quieres algo bien hecho, tienes que hacerlo tú mismo”.

El largometraje se centra en la historia de dos personas, Kris (Amy Seimetz) y Jeff (Shane Carruth), cuyas vidas quedan vinculadas por un parásito, sin ser ambos conscientes de ello, a través de un lazo que afecta al comportamiento. La premisa inicial, con la que se presentó en el festival de Sundance, nos cuenta que la identidad se convierte en una ilusión mientras luchan para conseguir encajar los fragmentos dispersos de sus destrozadas vidas.

Upstream Color
Upstream Color

Upstream Color es una película diferente que sorprenderá a aquellos acostumbrados al cine palomitero mainstream. Si tuviera que definirla en una palabra, diría que Upstream Color es poesía. Poesía en estado puro. Una obra hipnótica y desconcertante que te atrapa desde el minuto uno. Un crítico de cine vago diría que es un thriller psicológico oscuro que cuenta una historia clásica mediante un relato fragmentado plagado de flashbacks y flashforwards que desde Lost ya no nos impresionan. Pero Upstream Color es mucho más que eso.

Escenas que en otro contexto nos podrían llegar a producir rechazo, como los gusanos con los que arranca la película y que constituyen el hilo conductor del relato, son tratadas de tal manera que captan la belleza que todo ser lleva dentro, incluso aquellos que nos pudieran parecer más desagradables a priori. Las escenas más sangrientas y desagradables son tratadas con una sutileza completamente alejada de otros bockbusters del género. El tratamiento de las imágenes más impactantes en Upstream Color está más cerca de El Silencio de los Corderos que de la saga SAW. Sorprende cómo Carruth es capaz de capturar la magia de los instantes más anodinos, ya sea en un supermercado o en la cola del metro, y dotarlos de una intensidad magnífica.

Upstream Color

Si tuviera que asociarla a una referencia que ayude al posible espectador a decantarse por esta película y no otra en la taquilla del cine, cosa que sin duda me agradecerá, creo que compararía Upstream Color con una serie tan inquietante y a la vez tan aclamada por crítica y público como Black Mirror. Seguramente el tono a muchos les recordará vagamente a películas como Drive.

Shane Carruth no teme a los silencios y no necesita rellenar los huecos con efectos vacuos de sonido. La magia que transmite en cada plano es suficiente para captar la atención del espectador, y la intensidad de algunos momentos dramáticos hace completamente innecesario cualquier elemento de relleno.

Los protagonistas expresan aquello que sienten mediante acciones y expresiones en una interpretación brillante por parte de todo el reparto que contribuye a introducirte en la atmósfera desasosegante que te envuelve desde las primeras escenas, te atrapa y no te deja hasta los títulos de crédito. Carruth no necesita recurrir a diálogos en el guión para comunicar aquello que quiere transmitirnos. El sonido del viento soplando con furia, una cabellera revuelta, una lágrima solitaria, una mirada perdida, una expresión de desconcierto… Es todo lo que necesitamos para empatizar con Kris. No es necesario recurrir a trucos baratos de guión como hacerla verbalizar pensamientos en voz alta. No necesitamos escucharla decir “¿cómo he llegado hasta aquí?” para comprenderla. En este sentido, es de agradecer que Carruth trate al espectador como un adulto, que no pretenda llevarle de la manita desde el punto A al punto B. Su propuesta consiste en dejarse acompañar en un viaje psicodélico, confuso y aparentemente caótico. Un rompecabezas hipnótico que cobra todo el sentido con un final que no deja indiferente y, si consigues encajar todas las piezas incluso tiene un sentido incuestionable. Y si no, siempre está la opción de una segunda, una tercera o incluso una cuarta revisión. Upstream Color se aclara con cada visionado, como un poema, su calidad se intensifica conforme se recita más veces.

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