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Dragon Ball
Dragon Ball Z: La batalla de los dioses

Akira Toriyama no está contento. Dragon Ball GT ha sido oficialmente desterrada por el propio autor de la saga y considerada un broma de mal gusto para todos los seguidores. Toriyama tenía ideas muy similares a las planteadas en esta saga, pero con el planteamiento pseudo infantil, al gran artista le han tocado sus Bolas de Dragón y eso es algo que no estaba dispuesto a permitir. Por esta razón se ha sacado de la manga Dragon Ball Z: La batalla de los dioses, continuación oficial de la serie.

Dragon Ball Z: La batalla de los dioses se sitúa cronológicamente un poco después de la batalla contra Bu, previamente incluso al Torneo de Artes Marciales con Ub de protagonista. Este personaje ni aparece en la película.

Han pasado 39 años desde que el Dios de la Destrucción mandara a Freezer destruir el planeta Vegeta, justo antes de someterse a un nuevo letargo de descanso. Al despertar y descubrir que Freezer ha muerto, también confiesa a su ayudante que ha tenido la premonición de existe el Dios de los Superguerreros y, siendo él también un Dios, acude a la Tierra para enfrentarse a él.

En la nueva película, Toriyama presenta a todos los personajes de Dragon Ball Z correspondientes a los últimos capítulos, con un Son Goku capaz de llegar al nivel de Súperguerrero 3, un Vegeta entrenando al máximo, Son Gohan haciendo el cabra con su ya pareja oficial Videl y Bulma celebrando su 38 cumpleaños.

El conjunto de la historia supone una vuelta de tuerca a lo ofrecido en GT. Pam, por ejemplo, es sólo un proyecto en marcha, no ha nacido todavía, el cuarto nivel de Súperguerro no existe, aunque sí es posible la conversión en Dios, con una transformación mucho más suave y lineal a lo que Toriyama y compañía nos tiene acostumbrados. Pilaf y sus esbirros no faltan a la cita y su aparición es todo guiño, igual que la del Dragón Shenron, del autor hacia sus fans, desestabilizando GT hasta convertirla en una burda parodia.

Pero al margen de este paralelismo entre las dos series, Dragon Ball Z: La batalla de los dioses no deja de ser un nuevo capítulo algo descafeinado de lo que Dragon Ball llegó a ser en su día. Las batallas son menos intensas (algo lógico por ser una película y no dividirse en capítulos), carecen de ritmo y, por el transcurso de la historia, apenas presentan situaciones de gran riesgo.

Es, por equipararlo al deporte, como un partido amistoso entre equipos importantes. No hay sangre, no hay escenas picantes, el humor es limitado y bastante básico, las transformaciones no aportan nada y el mensaje final que verdaderamente se queda es que esto puede ser el principio de una nueva saga, si finalmente Toriyama se anima a ello.

Todos los seguidores de Dragon Ball deben ver obligatoriamente Dragon Ball: La batalla de los dioses, aunque sólo sea para conocer el futuro de la saga y entender por qué GT nunca debió existir. Por otro lado, es todo un puñetazo literal de humildad a Goku y compañía ante un rival que supera todas las expectativas. Y, finalmente, es el legado que Akira Toriyama quiere dejarnos oficialmente. Como buenos fans del Dragón Shenron, se lo debemos conceder.

Dragon Ball Z: La batalla de los dioses

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