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Cuando terminas de ver La cabaña en el bosque queda la pregunta en el aire. ¿He visto una película de terror? Desde el principio se nota que esta película no es normal. Es algo que se muestra desde el primer segundo del film, evitando con ello la sorpresa final que, probablemente, sería menos sorprendente.

El argumento presentado del film es el más típico, precisamente para atacar estos estereotipos. Unos jóvenes totalmente predefinidos (golfa, atleta, erudito, idiota y virgen) acuden a la cabaña de un primo de ellos para pasar un fin de semana de juerga (que por cierto tanto insistir en el tema al final Estados Unidos se va a cargar su turismo rural). En el camino pasarán por la socorrida gasolinera macabra con personajes que encienden todas las alertas de supervivencia.

Esto no les impedirá seguir conduciendo a la cabaña y, lógicamente, en medio de la fiesta surgirá el caos y la pesadilla. Lo cierto es que los responsables de La cabaña en el bosque, con Drew Goddard en la dirección, no han dejado mucha libertad para que los críticos podamos explicar bien el argumento sin destripar alguna de sus sorpresas. Os contaremos una de las primeras que se ve y de las que más hace pensar. Justo llegando a la cabaña, los jóvenes en autocaravana pasan por un túnel en la montaña. Al lado, un águila perfecciona su vuelo impecablemente hasta que choca con algo invisible en medio del cielo.

La cabaña en el bosque, remitiéndonos a la pregunta inicial sí es una película de terror. Pero su presentación con buena nota viene precisamente porque además es comedia, además es fantasía, tiene mucha acción, no falta drama, suspense e incluso algo de thriller. ¡Y consigue combinarlo todo de forma equilibrada!

“En medio de la fiesta surgirá el caos y la pesadilla”

El clímax de la acción va llegando paulatinamente. Al principio el puro terror abraza al espectador en una especie de broma macabra para al final decir ¡eh, van a morir todos pero es divertido! Efectivamente, es todo un juego, magistralmente preparado y con unas intenciones oscuras hasta que un sorprendente actor nos lo revelará. Curiosamente, para el final del metraje habremos abandonado el terror y la comedia gobernará toda la imagen, hasta el punto de que si comenzamos con cara de extrañeza al iniciar el film, en la última secuencia lo hacemos con una sonrisa en la cara.

Para conseguir este efecto, no sólo el guión original es suficiente, aunque el hecho de que Goddard fuera hasta ahora escritor de muchos y Joss Whedon le sustituye con no menos capacidad, es un comodín importante. Pero es que además los actores en La cabaña en el bosque extreman sus papeles por exigencia del guión y, paulatinamente, se van convirtiendo en personas. Feromonas, drogas y alcohol serán responsables de su estado, mientras que el terror, la sangre y la muerte sacarán lo mejor de ellos.

“¡Eh, van a morir todos, pero es divertido!”

Los efectos especiales hasta casi el final del film son espectaculares, totalmente nítidos y creíbles, sin ser especialmente sangrientos. Precisamente cuando la sangre cobre especialmente importancia hacia final de la historia, donde litros, sino oleadas sanguinolentas inundan la pantalla y todos los escenarios posibles, es donde más se nota la artificialidad de los efectos. Sin embargo, el espectador para entonces está con la boca abierta alucinando por lo que pasa ante sus ojos y pidiendo ¡más, más, MÁS! Y La cabaña en el bosque, solícita, cumplirá el deseo.

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