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Que el advenimiento de un bebé sólo genera sentimientos nobles es una de las mentiras más grandes de Occidente. Eso que acaba de nacer y pesa más o menos lo mismo que un pedazo de vacío para ocho personas de buen comer es tuyo. Si tuviste la fortuna de vivir un parto sin complicaciones y lo viste aparecer como por arte de magia mientras se te desinflaba el globo en el que lo cargaste más de 35 semanas, podés atravesar las más diversas sensaciones. La literatura sobre maternidad y crianza se maneja con unos estándares que no se ajustan muy específicamente a la criatura que acabás de parir. Te dicen, por ejemplo, que “los bebés recién nacidos duermen entre 12 y 14 horas por día”.

El tuyo, sin embargo, duerme 16 o 9. ¿Es anormal? ¿Se va a morir? Cada libro está escrito por una o dos personas que recogieron estadísticas, testimonios y estudios. Pero representan a un porcentaje de madres y a un porcentaje de hijos, que son tan “madres e hijos promedio” que en verdad no existen. ¿Cómo sospechar que una mujer formada, trabajadora, interesada en la política y el devenir de la humanidad, iba a pasar a hablar del pis y la caca como si se tratara del destino del capitalismo? Hasta tu tío te pregunta si te duelen los pezones, tu suegra te lava las bombachas y tus amigas te miran con piedad. Lo bueno del caso es que se es primeriza una sola vez en la vida y el curso intensivo de madre no se puede postergar.

Guía (inútil) para madres primerizas

Fecha de lanzamiento: Noviembre de 2013
Autores: Ingrid Beck y Paula Rodríguez
Editorial: Sudamericana

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