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Los amantes de la ciencia ficción sabemos que será difícil de superar la década de los 80 con extraordinarios títulos como Blade Runner o la mismísima Tron original. Sin embargo, también hemos sido testigos del desarrollo del género en espectaculares entornos del tipo El quinto elemento o The Matrix.

El principal problema a la hora de afrontar Tron Legacy como una película actual es enmarcarla en un género erróneo, como el de acción, fantasía o aventuras. Ni por casualidad están presentes estos estilos, salvo quizás algo de acción en algunas escenas, que no por ello dejan de ser ciencia ficción pura.

Como el propio protagonista Jeff Bridges, Tron Legacy se instaura en la filosofía de la ciencia llevada al límite. Qué supone la creación de nueva vida o su simple descubrimiento, qué importante es alcanzar la perfección, hasta dónde estamos dispuestos a llegar por seguir avanzando en la evolución.

Alejado ciertamente del estilo primitivo de la primera Tron, esta secuela nos enmarca la historia en la actualidad, aproximadamente 20 años después cuando un Flynn famoso en el mundo entero desapareció de la noche a la mañana dejando a su hijo pequeño a cargo de una empresa que no le interesa.

En una acción de evasión retro, el protagonista ya más madurado, Garrett Hedlund como Sam Flynn, se adentra al mundo de Tron, conocido como La Red y descubre que se ha convertido en un oscuro universo virtual dominado por Clu, una creación de su padre con la que intentaba crear el programa perfecto.

Tras unos juegos espectaculares alejados de toda moral humana, Sam intentará llegar a donde se esconde su padre y creador de todo este mundo, para ayudarle a salir del sistema. Para ello contará con la ayuda de la hermosa Quorra (Olivia Wilde).

En Tron Legacy es preciso estar atento para disfrutar, no se debe esperar la acción fácil ni las explicaciones sin doble sentido. Los diálogos son sumamente importantes, con grandes referencias a la literatura, a la filosofía y al pensamiento zen. Si bien, no se ofrece de forma aburrida, sino más bien con cierta melancolía por un pasado demasiado lejano ya, por decisiones erróneas pero imprevisibles, por el anhelo de un futuro mejor.

Junto a esta base narrativa, un mundo con unos efectos especiales fluorescentes se levanta ante nuestros ojos en lo que se convierte la película más bella de ciencia ficción oscura jamás creada, con un resultado que intenta lo que ya consiguió su antecesora, superar las posibilidades actuales. Lo consigue a medias, pues si bien es espectacular, Tron Legacy no supone ningún antes ni después en el género cinematográfico.

Al menos en lo que se refiere a efectos visuales. La banda sonora, por otro lado, es de otro mundo. Se ha contado para ella con Daft Punk, la pareja más extravagante de la música electrónica, que actúa incluso como DJ en una de las escenas más intensas del film.

Aparte de los consabidos temas promocionales, las canciones instrumentales generales son el puente perfecto entre la música de la ciencia ficción retrofuturista con la mejor tecnología del momento. Melodías nostálgicas a ritmo electrónico se funden en constantes vaivenes ascendentes y descendentes de un ritmo que transmite pureza, tensión, expectación.

Tron Legacy es la película de las películas en ciencia ficción. Enmarcándola únicamente en este género la convierte en posiblemente la mejor propuesta que existe actualmente. Fuera de este género, sin embargo, es como intentar ubicar a uno de los personajes de Tron alejado del mundo cibernético… no tiene sentido.

Fuentes imágenes: IMP Awards

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