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El film RUSH retrata la rivalidad entre dos de los mejores pilotos de Fórmula 1 del mundo, el apuesto playboy inglés, James Hunt (Chris Hemsworth), y su metódico y brillante oponente, Niki Lauda (Daniel Brühl).

Si eres amante del deporte de conducción, este reportaje sobre la vida deportiva de estas dos estrellas seguro que te interesa, para llegar al estreno de la película, el próximo 20 de Septiembre, con todos los datos necesarios para disfrutar de ella como nunca.

En 1975, el piloto austriaco Niki Lauda logró hacerse con el campeonato mundial de Fórmula 1 (también conocida simplemente como F1) en un coche de la escudería Ferrari, con lo que puso fin a siete años de reinado de Ford. La trayectoria de Lauda hasta la cima sentó las bases de lo que acabaría convirtiéndose en una dramática temporada en 1976, en la que se ambienta la historia de esta película.

La increíble temporada de 1976
El inicio del campeonato de 1976 no hacía entrever el increíble drama que se desarrollaría posteriormente entre dos de los pilotos más competitivos de la Fórmula 1. El vigente campeón, Niki Lauda, de la escudería Ferrari, logró hacerse con seis victorias en las nueve primeras carreras de la temporada, al ganar los grandes premios de Brasil, Sudáfrica, Bélgica, Mónaco y Gran Bretaña, aunque también subiría al podio como segundo en España y Estados Unidos y tercero en Suecia.

A mitad de temporada (ocho carreras), Lauda y Ferrari habían acumulado una ventaja de puntos aparentemente insalvable, más del doble que su rival más cercano. Mientras Lauda dominaba, James Hunt, el piloto que se acabaría convirtiendo en su mayor rival, pasaba en su mayor parte apuros. En su primer año con el equipo McLaren, ni siquiera llegó a terminar cuatro de las seis primeras carreras de la temporada.

La polémica perseguía a Hunt incluso en sus victorias. Aunque llegó a la meta por delante de Lauda en la cuarta carrera de la temporada, el Gran Premio de España, los jueces dictaminaron posteriormente que el Marlboro McLaren-Ford M23 de Hunt era demasiado ancho y descalificaron al piloto. McLaren protestó, sobre la base de que la discrepancia se debía a la dilatación de los neumáticos durante la carrera. McLaren acabaría por ganar la apelación, pero sólo después de dos meses de negociaciones consiguieron recuperar los puntos que le habían sido arrebatados a Hunt.

Hunt se haría con la victoria en el Gran Premio de Francia (octava carrera), cuando Lauda se vio obligado a retirarse por problemas con el motor. A esas alturas, era la única carrera que el austriaco no había logrado terminar.

Tras su triunfo en Francia, Hunt regresó a casa convertido en un héroe para competir en el Gran Premio de Gran Bretaña, que se celebraba en Brands Hatch. Sin embargo, Lauda provocó la decepción de los aficionados británicos al hacerse con la pole y mantenerse en cabeza durante la primera mitad de la carrera. Cuando Lauda sufrió problemas con la caja de cambios a sólo 15 minutos del final, Hunt aprovechó para tomar la delantera y causar el delirio de la afición local. Hunt logró la victoria y Lauda logró conservar la segunda plaza.

Pero la polémica volvería a cebarse con Hunt. El Gran Premio de Gran Bretaña se terminó después de tener que reiniciarlo en la primera vuelta. Clay Regazzoni, compañero de Lauda en Ferrari, intentó disputarle desde la salida la posición a Lauda. Sus monoplazas se tocaron. Regazzoni hizo un trompo y se dio con Hunt y Jacques Laffite. Aunque los demás pudieron pasar sin problemas, los restos que quedaron dispersos por la pista obligaron a reiniciar la carrera.

Hunt se pasó al coche de repuesto de su equipo antes de volver a poner en marcha la carrera, al igual que Laffite y Regazzoni, aunque se vieron obligados a retirarse. Después de la carrera, Ferrari y otros dos equipos protestaron por la victoria de Hunt en un coche de reserva. McLaren alegó que, puesto que no había llegado a terminarse ninguna vuelta, no eran aplicables las normas habituales de un reinicio. El organismo rector de la F1 confirmó la protesta, despojó a Hunt de la victoria y concedió el primer puesto a Lauda.

Llegada la décima carrera de la temporada, el Gran Premio de Alemania, Hunt había conseguido recortar ligeramente la diferencia de puntos que lo separaba de Lauda, pero aún se encontraba a unos considerables 23 puntos de distancia, con siete carreras por disputarse. Lauda aún parecía tener asegurada la victoria que significaría su segundo título consecutivo.

Todo eso cambió en Alemania.

Al borde de la muerte en “Nürburgring”
Pese a que la Fórmula 1 había empezado a introducir mayores novedades en materia de seguridad en la década de 1960, las medidas solían verse superadas por los avances tecnológicos que permitían a los coches correr más rápido. En los primeros 56 años de existencia de este deporte, solía producirse una media de casi tres muertes de pilotos al año. Entre 1967 y 1975, habían perdido la vida un total de 13 pilotos de Fórmula 1 en accidentes de carrera.

Ninguna otra curva de cualquiera de los demás circuitos tenía tan mala reputación como la Nordschleife (curva norte) de Nürburgring, Alemania, un circuito de carreras apodado “el infierno verde” por la leyenda de la F1 Jackie Stewart. La pista alemana, enclavada en las Montañas Eiffel, a unos 110 kilómetros al sur de Colonia, solía estar cubierta de humedad, neblina o niebla. No era extraño encontrarse con condiciones climatológicas distintas de un extremo a otro de la pista, y el circuito de 22,8 km, bordeado de árboles, contaba con unas increíbles 177 curvas.

Lauda, uno de los mayores defensores en materia de seguridad de los pilotos del deporte, se oponía abiertamente a correr en Nürburgring. En una reunión de pilotos celebrada en la primavera de 1976, Lauda propuso que todos los pilotos boicotearan Nürburgring, pero no consiguió los votos suficientes para sacar adelante dicha propuesta. El circuito, a instancias del ya mencionado Stewart, había invertido sumas considerables entre 1974 y 1976 para mejorar la seguridad, con vallas y barreras protectoras. Pese a ello, seguía siendo un lugar que no auguraba nada bueno como escenario de carreras.

“Los problemas que presentaba Nürburgring eran evidentes a simple vista”, escribió Lauda en su autobiografía, “Meine Story” (Mi historia). “Su trazado lo convertía en el circuito más difícil imaginable. Era prácticamente imposible hacer seguros 22,8 km de pista bordeada de árboles”.

Pese a sus preocupaciones, Lauda consiguió quedar segundo, tras James Hunt, en las jornadas de clasificación para el Gran Premio de Alemania de 1976. En la mañana de la carrera (1 de agosto de 1976), la predicción del tiempo para Nürburgring era típicamente impredecible. Poco antes del comienzo de la carrera, empezó a llover, y la mayoría de los equipos cambiaron a sus neumáticos de lluvia, lo que, echando la vista atrás, resultaría ser un error estratégico, puesto que la lluvia cesó y fuertes vientos secaron la pista.

Lauda empezó mal, perdiendo rápidamente posiciones. Recuerda meterse en boxes, para cambiar los neumáticos de lluvia por los secos: su último recuerdo de la carrera. Al acercarse a una curva, se rompió una barra de acoplamiento de su Ferrari. El monoplaza se puso de costado, se estampó contra un muro de contención, salió despedido por los aires y acabó estrellándose contra la pista.

El primer coche en llegar logró esquivar a Lauda y los restos de su vehículo pero un segundo coche, pilotado por Brett Lunger, se estrelló contra Lauda, cuyo Ferrari empezó a arder. El siguiente en llegar fue Harald Ertl, que tampoco pudo esquivarlos y se estrelló contra ambos coches destrozados. Lunger y Ertl resultaron ilesos, pero el coche de Lauda quedó envuelto en llamas. Varios pilotos, incluidos Lunger y Ertl, se lanzaron frenéticamente a sacar a Lauda de su vehículo ardiendo. Al final, consiguieron sacar al austriaco y ponerlo a salvo, pero no sin sufrir antes graves quemaduras.

Lauda fue rápidamente trasladado por vía aérea a la unidad de cuidados intensivos de Mannheim, donde un equipo de seis médicos y 34 enfermeras se esforzaron por salvarle la vida. Había sufrido quemaduras de tercer grado en cabeza y muñecas, tenía varias costillas rotas, una clavícula y un pómulo rotos. Pero lo que era aún una mayor preocupación inmediata era el daño que pudieran haber sufrido sus pulmones, como consecuencia de respirar los vapores tóxicos producidos por los extintores utilizados en el lugar del accidente.

Aunque James Hunt acabaría ganando el Gran Premio de Alemania, los titulares del día siguiente estuvieron justificadamente dominados por el accidente de Lauda y cómo el vigente campeón luchaba por su vida. Durante cuatro días, Lauda se mantuvo a las puertas de la muerte.

Pero Lauda no estaba dispuesto a rendirse. Casi ciego, se centraba en las voces para mantenerse consciente. Tras su recuperación, empezó inmediatamente a formular un plan para su regreso a la competición… esa misma temporada. Con un terapeuta como compañía fija, se ejercitaba durante 12 horas al día. “Me recuperé rápidamente en lo referente al daño sufrido por órganos vitales”, escribió Lauda, “pero mis heridas superficiales resultaron ser un poco más complicadas”.

Además de las graves quemaduras en la cara, Lauda había perdido ambos párpados. Cirujanos plásticos le ofrecieron distintas opiniones sobre la terapia que debía seguir, pero Lauda se decidió por un cirujano suizo que le injertó piel de detrás de las orejas para crear con ella unos nuevos párpados.

Hunt escala puestos, Lauda regresa
Con Lauda fuera de circulación, Hunt recortó la ventaja de puntos que le sacaba el austriaco. Consiguió la pole en el Gran Premio de Austria, aunque sólo acabaría cuarto la carrera. Después, conseguiría una victoria en el Gran Premio de los Países Bajos, lo que redujo la ventaja de puntos de Lauda a dos, 58-56. No quedaban más que cuatro carreras y, con la temporada de Lauda supuestamente acabada, parecía que Hunt tenía el Campeonato del Mundo al alcance.

Entonces llegaron las increíbles noticias sobre Lauda: el vigente campeón mundial regresaría a la pista en el Gran Premio de Italia, el 12 de septiembre de 1976, tan sólo seis semanas después del accidente que casi le cuesta la vida. Milagrosamente, Lauda consiguió un quinto puesto en las jornadas de clasificación y finalmente acabaría alcanzando un asombroso cuarto lugar en la meta italiana. Amplió su ventaja de puntos sobre Hunt, que pasó apuros en la clasificación y no logró siquiera acabar la carrera.

Hunt logró recuperarse y ganar tanto el Gran Premio de Canadá como el Gran Premio de los Estados Unidos, mientras que Lauda quedó octavo y tercero, respectivamente, en ambas carreras. Entre medias, la Federación Internacional de Automovilismo (FIA) despojó a Hunt de su victoria del 18 de julio en el Gran Premio de Gran Bretaña. De ese modo, Lauda se mantenía con una ventaja de tres puntos sobre el británico, 68-65, con tan sólo una carrera más en el calendario, el Gran Premio de Japón.

Aunque Hunt seguía por detrás de Lauda, el joven y apuesto británico era ahora el hombre de moda del deporte del motor. Pese a que Lauda había ganado cuatro de las seis primeras carreras del año, Hunt había vencido cuatro veces de las últimas seis.

En Japón, Hunt y Lauda terminaron la clasificación segundo y tercero, respectivamente, tras Mario Andretti. Lauda quizá estuviera más preocupado por la previsión del tiempo, pero sabía que el monoplaza de Hunt iría mejor sobre pista mojada; además, le preocupaban sus ojos y encontrarse con una visibilidad muy reducida en caso de lluvia.

Lauda vio hacerse realidad sus mayores temores cuando no dejó de caer la lluvia en toda la noche sobre el Circuito Internacional de Fuji, a la que seguirían niebla y más lluvia todavía el día de la carrera. Hunt y Lauda, ambos miembros del comité de seguridad de los pilotos, instaron a los organizadores a posponer la carrera. Su súplica cayó en oídos sordos, ya que, aunque la salida se retrasó un poco, por lo demás todo siguió adelante según lo programado.

Hunt realizó una veloz salida, mientras Lauda se fue quedando atrás rápidamente. Después de dos vueltas, Lauda entró en boxes y paró el motor. “Es demasiado peligroso”, dijo el austriaco.

El británico se mantuvo en cabeza 61 de las 73 vueltas, pero acabaría quedando tercero, por detrás de Andretti y Patrick Depailler. Ese puesto le valdría a Hunt cuatro puntos, suficientes para arrebatarle el título de campeón de la temporada a Lauda por un único punto. Hunt recibió la noticia con cierta sorpresa, ya que no estaba seguro de su posición final, después de verse obligado a detenerse en boxes y remontar varios puestos adelantando también a doblados.

“Creo que detenerse fue una decisión muy valiente por parte de Niki. Lo siento mucho por él”, aseguró Hunt en declaraciones a la revista Sports Illustrated. “Dadas las circunstancias, fue increíblemente valiente. La verdad es que creo que ni siquiera deberíamos haber tomado la salida en esas condiciones. La decisión de Niki de no seguir adelante fue perfectamente razonable. En su situación, con el accidente de Nürburgring y todo, ¿quién no habría hecho lo mismo?”.

Lauda abandonó el circuito de inmediato, demasiado emocionado para esperar al inevitable acoso de los medios tras la carrera. Años más tarde, no pareció lamentar especialmente su decisión: “Veo la pérdida del Campeonato del Mundo de 1976 de forma distinta a como lo hice entonces, aunque no me lo reprocho. Si hubiera estado algo menos nervioso en el momento decisivo, si me lo hubiera tomado con calma y me hubiera limitado a conservar el par de puntos que necesitaba para ganar el título, entonces tendría cuatro títulos en lugar de tres en mi palmarés. Pero, para ser franco, no podría importarme menos”.

El fin de una era
Lauda regresaría para volver a ganar el campeonato mundial en 1977 con Ferrari, pero la temporada de 1976 quedaría grabada en la memoria de los aficionados durante décadas. Más adelante, se pasaría a McLaren y ganaría su tercer título en 1984 por sólo medio punto sobre su compañero de equipo, Alain Prost. Después de la temporada de 1985, Lauda se retiró de la competición.

Las graves quemaduras que sufrió en la cabeza tras su accidente en Alemania en 1976 dejaron a Lauda con grandes cicatrices. Perdió la mayor parte de su oído derecho, así como el pelo del lado derecho de la cabeza, las cejas y los párpados. Se sometió a cirugía reconstructiva para sustituir los párpados y conseguir que funcionaran correctamente, pero nunca sintió que necesitara nada más. Desde el accidente, lleva una gorra para tapar las cicatrices de la cabeza. Lauda ha escrito cinco libros y dirigió su propia línea aérea, Lauda Air, antes de vendérsela a Austrian Airlines en diciembre de 2000.

La dramática lucha de Hunt con Lauda le valdría al británico su único título mundial. Tras la temporada de 1979, Hunt se retiró de la competición y trabajó durante años como comentarista deportivo para la BBC. También ejerció de asesor y consultor de pilotos jóvenes.

Hunt murió de un infarto en 1993 a la edad de 45 años.

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