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The house at the end of the street, conocida entre hispanohablantes como La casa al final de la calle o La casa de al lado, ha recibido críticas mayoritariamente negativas. No es que la película sea mala, sino que no cumplía las expectativas.

Es el principal problema de muchos films que carecen de efectos especiales y argumentos originales. Se venden con una promoción bestial de slasher, cuando se trata de un survival moderado, prometen una gran conspiración, cuando es el terror psicológico el que afecta a las protagonistas. Lo peor de todo es que, con este marketing mega bestial, el film logró recaudar 13 millones de dólares en su primer fin de semana de estreno. Por tanto, la publicidad funciona, pero los espectadores y la crítica no siempre salen satisfechos.

Ante esta situación, abordar La casa al final de la calle como un slasher es estúpido. Analicémosla como un thriller con toques de survival. Oye, pues así la cosa no está tan mal.

Una joven (Jennifer Lawrence) y su madre (la incomparable Elizabeth Shue) se mudan a una nueva localidad fuera del bullicio de los centros urbanos y con una oferta de alquiler rebajado gracias a que en la casa de los vecinos sucedió un crimen brutal. La hija del matrimonio se cargó a los padres durante una noche y escapó. Ahora sólo vive el hijo ya adolescente de la familia desaparecida.

Tras comprobar la falsedad y el bajo nivel intelectual de muchos de los vecinos, la pequeña Elisa traba amistad con Ryan, el atormentado huérfano y compañero de calle, cuyo aura de tristeza y redención atrae irremediablemente a la chica. Pero no todo es lo que parece.

Con el fin de no desvelar nada de la trama y advirtiendo simplemente que el subtítulo de “nada es lo que parece” es extensible al tráiler, puede decirse que el resto de la historia es bastante atractivo y no tan predecible como se puede esperar de un film de este calado.

El último tercio de la película, no obstante, está construido en base a los cánones de todo típico slasher, lo que puede decepcionar a algunos demasiado exigentes, si bien es más realista que otros films del género, por lo que es aceptable.

En el conjunto, la falta de originalidad es el principal obstáculo de La casa al final de la calle, a pesar de que la historia sí es óptima para una narración sin precedentes, lamentablemente Mark Tonderai no lo aprovecha. Como tampoco es capaz de aprovechar las posibilidades de Shue, una actriz a la que se empeñan en situar en segunda línea de acción cuando es perfectamente una sobrada protagonista. De hecho, el film situado años más tarde tras el trágico suceso y formando un romance entre un adulto Ryan y Shue habría funcionado muchísimo mejor a todos los niveles.

La actriz demuestra mayor talento y presencia ante la cámara que la todavía demasiado Lawrence, quien quizás entre X-Men y compañeros de Los juegos del hambre sepa defenderse mejor, pero en un film predominantemente adulto, la realidad asienta una verdad a gritos: Shue es mejor actriz en films de terror.

Así de simple, una saga slasher con Shue sería la revitalización del género, pero las predecibles secuencias de La casa al final de la calle con jovencitos queriendo salirse con la suya es patético e iluso a partes iguales. Por eso la película no funciona. No hay apenas muertos, por lo que el slasher no está presente. La historia casi no sorprende salvo un par de giros argumentales, así que le falta originalidad. Y ni de lejos estamos ante una conspiración, sino ante la típica locura que en un thriller psicológico funciona de maravilla.

En fin, pudo ser mejor, pero también mucho peor.

Valoración: 6/10

Lo mejor: El guión muestra atisbos de originalidad y la grabación de las escenas es perfecta, lo que incrementa sin duda la calidad final del film. Además aparece Elizabeth Shue.

Lo peor: Historia predecible, promesas de marketing incompletas y una actriz que no está a la altura de la secundaria.

Fuente póster: IMP Awards
Fuente imágenes: The house at the end of the street en Facebook

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