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“Les ruego que me permitan mencionar el nombre de sólo cuatro personas, que me han brindado su más profundo afecto, compresión y aliento, además de su permanente colaboración. El primer nombre corresponde a una montadora, el segundo a una guionista, el tercero a la madre de mi hija Pat [Patricia Hitchcock] y el cuarto es el de una cocinera tan extraordinaria que es capaz de hacer milagros en la cocina. Y el nombre de todas ellas es Alma Reville”.
— Alfred Hitchcock

Usando como base el libro de Stephen Rebello y el guion de John J. McLaughlin, Sacha Gervasi emprendió su particular campaña de investigación, rastreando en todo tipo de archivos para intentar averiguar lo más posible –e intuir lo que no– sobre la relación de Hitchcock y Alma. El propio Hitchcock le proporcionó pocas pistas sobre su vida privada, pero sus películas ilustraban tan visceralmente las emociones más íntimas –celos, sospecha, envidia y deseo– que siempre había pocas dudas de que sucedía mucho más de lo que a simple vista parecía. Hitchcock dijo en una ocasión, “El cine debería ser más fuerte que la razón”. Gervasi quería adoptar ese mismo subversivo enfoque para comprender el lado humano del director.

“En realidad, no sabemos mucho sobre Hitchcock”, apunta Gervasi. “Tenía enormemente desarrollada esa imagen, muy bien articulada, de persona extraordinariamente ingeniosa y mordaz, sin embargo, realmente nunca revelaba nada de sí mismo. Era increíblemente enigmático. No dejaba traslucir nada, por lo tanto, lo que me intrigaba era ver si yo podía basarme en alguien que no expresaba sus emociones en absoluto y sin embargo crear una emotiva película sobre esa persona”.

La investigación de Gervasi le llevó a pensar que en 1959, recién estrenado su más pulcra y lucrativa película, la mezcla de thriller y comedia CON LA MUERTE EN LOS TALONES, Hitchcock y Alma se encontraban en un momento crucial de sus vidas.

“Yo creo que Hitchcock se sentía preparado para sacudirse la autocomplacencia. No quería hacer CON LA MUERTE EN LOS TALONES una y otra vez. Calificó ese tipo de filmes como ‘trozos de pastel’: películas increíblemente románticas y suntuosas interpretadas por elegantes estrellas del celuloide. Quería sentirse vivo de nuevo, y eso le condujo a PSICOSIS”. 

Pero Alma estaba en otra órbita.

“En el momento en que la vemos por primera vez en el filme, Alma se siente un poco menospreciada por su marido. Su obsesivo y compulsivo deseo de llevar a cabo la película contra viento y marea le hacer comportarse de forma un poco egoísta”, señala Gervasi. “Pero en el transcurso de la historia, Alfred se da cuenta de que tiene una increíble y magnífica joya de mujer, así como una colaboradora a la que debe reconocimiento y confianza, aunque a su particular y comedida manera, tan alejada del sentimentalismo”.

PSICOSIS –una película que finalmente causó un gran impacto en prácticamente toda la cultura popular– le proporcionó a Gervasi otra divertida pieza del puzle. Cuando Hitchcock se disponía a hacer PSICOSIS, ya casi lo había hecho todo en sus 46 películas anteriores, abarcando un espectro tan amplio como la comedia desenfadada, obras técnicamente magistrales e inquietantes y fascinantes psicodramas. Hitchcock incluso tenía en antena una de las series de televisión mejor valoradas, “Alfred Hitchcock presenta…“ Pero Hitch seguía insistiendo en “recargar las baterías”, como solía decir, y hacer algo completamente diferente.

Tal y como dijo Hitchcock, “el estilo es autoplagio”. Hitchcock quería sorprender e impactar al público de una forma que no se esperara en absoluto; y quería conmocionar a una industria del cine en la que ya empezaban a recalar jóvenes y nuevos directores. La película PSICOSIS llevó a Hitchcock hasta el límite. Le empujó a explorar nuevas y más profundas modalidades del terror psicológico, a autofinanciarse, a luchar contra la censura y a repensar los modelos convencionales de distribución comercial. Y aún así, con la ayuda de Alma en las tareas de guion y montaje, salió triunfante de todo.

Respecto al legado de PSICOSIS, Gervasi señala: “La película aborda aspectos primitivos y de origen sobrenatural que perviven en todos los seres humanos. Todos tenemos conflictos con nuestros padres, todos nos debatimos entre el bien y el mal, todos tenemos miedo a la muerte. El filme explora ese lado más oscuro de la naturaleza humana. Incorpora también a un Anthony Perkins que apuñala a la gente llevando puesto un vestido, y además tiene estrellas de la sesión de cine más popular, travestismo, asesinatos y hoteles misteriosos. Fue justamente la combinación de todas estas cosas lo que la convirtió en una película tremendamente entretenida. 52 años después, el filme continúa impactando al público“.

Alfred

Para interpretar al realizador quizás más inmediatamente reconocible de todos los tiempos, el equipo responsable de HITCHCOCK pensó que no había nadie más adecuado que el ganador del premio de la Academia Anthony Hopkins. Hopkins es probablemente más conocido por su inolvidable y siniestro personaje del manipulador psicópata Hannibal Lecter, quien ayudaba a capturar al asesino Buffalo Bill, una sofisticada y contemporánea versión de Norman Bates, en EL SILENCIO DE LOS CORDEROS.

Gervasi subraya que no buscaba en absoluto una especie de increíble parecido físico con Hitchcock, sino más bien alguien capaz de transmitir algo más sutil y vital: la humanidad latente bajo su célebre genio, sus peculiaridades y su hiriente sentido del humor.

Todo ese amplio espectro de su naturaleza quien probablemente mejor lo entendió fue Alma, que conoció a Hitchcock cuando aún no había definido su emocionalmente tenso estilo en los sets de cine pero que ya escrudiñaba en las partes más turbias de la existencia humana.

“Ella fue una inquebrantable aliada del cineasta a lo largo de toda su vida, además de una extraordinaria guionista y realizadora”, observa Hopkins. “La convivencia con Hitchcock debió de ser muy difícil, pero cuando los ves juntos en fotografías parecen felices. En mi opinión, Hitchcock probablemente ocultó su vulnerabilidad interior a todo el mundo menos a Alma”.

Hopkins prosigue: “La gente se pregunta a menudo si tenían relaciones íntimas. Bueno, probablemente no, pero lo que sí había entre ellos era un amor muy puro y gran compañerismo. Yo creo que tuvieron que divertirse mucho juntos y compartir muchas risas, porque Hitchcock podía ser realmente muy gracioso”.

Gervasi también hizo que Hopkins viera a Hitchcock desde una sorprendente perspectiva: como un Goliat de la industria cinematográfica convertido de un día para otro en un contemporáneo David, decidido a hacer una película que pocos creían que pudiera ser un éxito comercial, intentando sortear en solitario a toda una Administración del Código de Producción Cinematográfica, el poderoso organismo de censores que podía invalidar cualquier filme que violara sus estrictas reglas relativas al sexo y la violencia en el cine.

Alma

Alma Reville era una prometedora y joven montadora de cine, además de una gran amante del séptimo arte, que se casó con Hitchcock en 1926 y durante los siguientes 54 años fue su esposa, confidente y silenciosa colaboradora. A no ser que fuera importante, ella nunca iba al set donde rodaba su marido, pero jugó un papel esencial a lo largo de toda su carrera como montadora y asesora de guion, y probablemente era la opinión que Hitchcock más tenía en cuenta en cada uno de sus filmes.

En una de las más conocidas historias sobre el nivel de colaboración entre la pareja, fue precisamente Alma quien se dio cuenta –casi en el montaje final de PSICOSIS– de que Janet Leigh pestañeaba cuando se suponía que yacía muerta sobre el suelo del baño, lo que llevó a realizar rápidamente un nuevo montaje poco tiempo antes del preestreno de la película.

Aunque los expertos en Hitchcock y los amantes de su cine son conscientes desde hace tiempo de la gran influencia de Alma, en general, nunca ha sido muy conocida. Con HITCHCOCK, Sacha Gervasi quería cambiar de raíz ese hecho, por lo tanto, la actriz encargada de interpretarla era absolutamente fundamental. A Gervasi le satisfizo mucho poder contar con una de las más creíbles y galardonadas actrices de nuestro tiempo, Helen Mirren, quien había ganado el premio de la Academia por su interpretación de otro críptico personaje: la reina Isabel de Inglaterra, en sus momentos más privados tras la muerte de la princesa Diana.

Para interpretar a Alma, Mirren dispuso de muy pocas referencias; no quedan imágenes suyas que describan su particular gestualidad. Pero Mirren encontró intuitivamente una manera metiéndose directamente en la piel del personaje.

“Yo no sé cómo andaba, ni sé cómo solía usar sus manos. Había una tremenda cantidad de investigación que yo no podía llevar a cabo”, admite. “Pero yo sabía que a su alrededor había toda esa gente que intentaba llegar hasta el prestigioso y gran Alfred Hitchcock. Y sabía cómo te hace sentir eso porque a mí me pasó con mi marido (el director Taylor Hackford) la primera vez que vine aquí. Con Alma tuve la libertad de no tener que ajustarme a una forma concreta de interpretación y simplemente dejé que fuera quien es realmente en la historia”.

Janet Leigh

La vida real de Hitchcock junto a Alma, repleta de los cotidianos conflictos conyugales y los tragos amargos que dejan tras de sí décadas de vida en común, era por supuesto muy distinta de la apasionada, incitante y, frecuentemente, peligrosa vida sexual de las mujeres que poblaban sus películas. Muchas de ellas fueron protagonizadas por las denominadas “rubias de Hitchcock”; el particular catálogo del cineasta de actrices de pelo rubio que abarcaba desde Ingrid Bergman y Grace Kelly a Tippi Hedren y Kim Novak, exhibiendo cada una de ellas un aire de fría sofisticación, lúcida seguridad e impenetrable vida secreta. Ellas personificaron a algunos de los más atrevidos, inteligentes, irreverentes y multidimensionales personajes femeninos que hayan adornado nunca una pantalla de cine; pero también eran manipuladoras, nada de fiar y un imán para el crimen, la psicopatía y el peligro.

Ha habido innumerables interpretaciones sobre la fascinación que Hitchcock sentía por poner en situación de riesgo a mujeres fuertes y sexualmente atractivas pero inefablemente distantes. Algunas se han adscrito a la teoría freudiana, atribuyéndolo a la constreñida educación recibida por Hitchcock y sus reprimidas fantasías. Otras apuntan a un inextricable compromiso con los temas de género y la psicología femenina; sugiriendo que Hitchcock no explotaba la idea de la rubia esquiva, sino que exploraba cómo son percibidas las mujeres fuertes y cómo les obliga a actuar una sociedad que las percibe como una amenaza. Otras incluso veían una explicación mucho más poética en las insolubles contradicciones de la vida. Cuando François Truffaut entrevistó a Hitchcock, lanzó la siguiente conjetura sobre la obsesión del cineasta: “Lo que le intriga es la paradoja que existe entre el fuego interior y la fría superficie”.

HITCHCOCK admite la reputación del director –no solo su predilección por cierto tipo de rubia como eje central de su cine, sino también su intromisión en la vida y mente de sus protagonistas femeninas durante la producción de sus filmes– sin enmascararla ni simplificarla. No obstante, el objetivo de la película se centra más bien en una relación mucho más fundamental: su eterna lealtad a su esposa Alma –que, curiosamente, no era rubia–, con la que Hitchcock tenía un tipo muy diferente de obsesión: una obsesión creativa.

Pero, desde luego, PSICOSIS requería una irreprochablemente seductora rubia para asumir uno de los más terribles retos que Hitchcock había pedido nunca a una actriz. La actriz que aceptó ese desafío fue Janet Leigh, a quien da vida en este filme Scarlett Johansson. Leigh había sido durante la década de los 50 una de las más codiciadas estrellas de Hollywood, y acababa de salir victoriosa de la experiencia de trabajar a las órdenes de otro maestro y autoritario director, Orson Welles, en SED DE MAL. Sin embargo, su interpretación de Marion Crane en PSICOSIS se convertiría en su papel más emblemático, obteniendo una nominación al Oscar y permaneciendo en la memoria de la cultura popular como un referente de la mujer acosada.

Al investigar sobre su papel, Johansson dice que se dio cuenta de que Janet Leigh tenía una relación muy singular con el director, una relación que rompió los moldes de Hitchcock. “Ella era diferente porque estaba casada con Tony Curtis y tenía tres hijos, por tanto, no se ajustaba mucho a esa categoría de rubia inalcanzable. De hecho, no estaba disponible porque era esposa y madre, pero también era una chica divertida y sexy, así como una confidente con la que Hitchcock pudo tener algo muy parecido a una amistad”, observa Johansson. “En la película, la relación profesional entre ambos brinda la oportunidad de ver el lado más pícaro de Hitchcock, su lado más travieso e infantil”.

Mientras que Alma se muestra escéptica respecto a que Leigh no sea otro potencial objeto del capricho de su marido, finalmente se da cuenta de que ella no representa ninguna amenaza.

“Yo creo que Alma está bastante harta de ver que su marido pone en un pedestal a sus espléndidas protagonistas femeninas, lo cual, sumado a su propia percepción de sentirse ignorada o no deseada por él, la lleva a reaccionar”, señala Johansson. “Pero la reacción de Alma no es tanto por Janet como por su sentimiento de que es la gota que colma el vaso y su decisión de ‘no voy a aguantarlo más’”.

Para preparar la producción, Johansson pasó un tiempo con la hija de Janet Leigh, Jamie Lee Curtis, que le dio una perspectiva más amplia de su progenitora.

“Jamie fue tan encantadora conmigo y me ayudó tanto que claramente se notaba que era un hija orgullosa”, recuerda Johansson. “Jamie me envió unas preciosas fotos de familia y me habló extraordinariamente bien de su madre, como lo hace todo el mundo dentro de la industria. Por todo lo que he oído y leído sobre ella, Janet era una mujer modesta, con los pies en la tierra y, antes que nada, una madre maravillosa, lo cual creo que me aportó mucha información”.

Vera Miles

Otra famosa ‘rubia de Hitchcock’ participó también en PSICOSIS: Vera Miles, que tenía contrato durante siete años con el realizador, había actuado en su filme FALSO CULPABLE y era una asidua actriz de su serie de televisión “Alfred Hitchcock presenta”. Se rumoreaba que Hitchcock sentía auténtica fascinación por ella; hasta el punto de que la había elegido para protagonizar VÉRTIGO en 1957, aunque, muy a su pesar, el director se vio obligado a sustituirla por Kim Novak cuando Miles se quedó embarazada poco antes de empezar la producción. Dos años después, Hitchcock la eligió para interpretar a Lila Crane, el personaje de PSICOSIS que busca a su hermana, papel interpretado por Janet Leigh.

La actriz que interpreta este icónico papel es Jessica Biel, que irrumpió en la escena cinematográfica con el thriller romántico EL ILUSIONISTA.

Biel se sintió fascinada después por la relación que Vera mantenía con Hitchcock. “Yo creo que su relación era algo delicada”, apunta. “Pero ambos se tenían un enorme respeto. Vera era una mujer de carácter explosivo y muy independiente. Trabajaba incansablemente y le gustaba que el director lo hiciera en igual medida. Al mismo tiempo, yo creo que Hitch se sintió algo dolido cuando ella optó por tener una familia, por lo tanto, entre ambos hay cierto distanciamiento cuando inician la producción de PSICOSIS”.

Biel cree que Vera era muy consciente de la tendencia de Hitchcock a controlar y exigir a sus actores, así como que siempre estaba al tanto de lo que ella hacía. “Hitchcock siempre creaba para sus películas unos personajes femeninos muy, muy complicados”, señala. “Sus mujeres eran en buena medida mujeres imperfectas: eran seres disfuncionales, tenían problemas psicológicos, algunas hasta rozaban la locura. Desde mi perspectiva como actriz, esos son los papeles que quieres interpretar, y ese tipo de personajes fueron una constante en Hitchcock a lo largo de toda su carrera”.

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