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Rodrigo Cortés vuelve con “Luces Rojas” ante una crítica y público expectantes. Su último trabajo “Enterrado”, había sido polémico a la vez que incomprendido, pero la mayoría aseguraba (nosotros incluidos) que la arriesgada puesta en escena se resolvía con inteligencia y mucha creatividad, que este director podría mostrarnos, en más de 2 metros cuadrados de escenario, una auténtica obra de arte cinematográfica.

Es así como llega un film enmarcado en una ciudad norteamericana, salas de teatro y alguna que otra desvencijada casa, además de los necesarios habitáculos de investigación científica.

En “Luces Rojas” Robert De Niro es Simon Silver, un famoso psíquico que, tras estar retirado varios años del escenario, vuelve para efectuar una gira nacional ante miles de fans y seguidores.

Sigourney Weaver es Margaret Matheson, una científica que estudia todos los casos de actividad paranormal para darles una justificación basada en las leyes de la física actuales. Le acompaña el doctor Tom Buckley (Cillian Murphy), un joven físico que le ayuda en sus clases e investigaciones, con más ambición y expectativas que la propia doctora.

La llegada a la ciudad de Silver provoca un revuelo también en torno a la prensa y la comunidad científica, pero Margaret se quiere mantener al margen. Tom, sin embargo, no deja pasar la oportunidad e intenta desenmascararlo, a pesar de las advertencias de peligro que se le aparecen, todavía sin poder demostrar que son falsas ilusiones creadas por personas normales y corrientes.

Con estos pesos pesados de la interpretación, la película tiene un potencial envidiable respecto a otras producciones. Lamentablemente, a excepción de un par de golpes de efecto dramáticos y giros de guión interesantes, la película se queda a medio gas. El cara a cara de De Niro vs Weaver podría haber sido algo antológico, pero Cortés se decanta por un enfrentamiento con desnivel, en el que Silver se presenta como alguien indestructible y Margaret como una quebradiza doctora, afligida por una desgracia familiar.

Sólo Murphy mantiene las posibilidades de enfrentamiento, si bien se le muestra en todo momento a grandes distancias de De Niro, no interpretativamente, pues ambos realizan un gran trabajo, sino en cuanto a argumento.

Se ofrecen escenas sin explicación ni coherencia, innecesarias algunas de ellas, totalmente ilógicas la mayoría, así como una explicación final que tira por el camino fácil, que no convence y mucho menos en medio de todo el mundo de la parapsicología enmascarada y fraudulenta que se intenta denunciar con el film.

Cortés lo ha intentado, pero profesionalmente no ha llegado al nivel exigido y presenta tan sólo un buen telefilm con efectos especiales correctos y entornos depresivos de una ciudad oscura y en casi permanente lluvia, pero sin ninguna base argumental lógica, aparte de los mencionados momentos, muy escasos, en los que sorprende al espectador por las decisiones tomadas.

Comercialmente, no obstante, ha sido un acierto contar con grandes actores recaudadores de taquilla, seguro que le proporcionan presupuesto suficiente para una tercera oportunidad, ésta aún más importante, pues Cortés es ya la segunda vez que arriesga y la suerte no es eterna.

Valoración: 4/10

Lo mejor: Los actores son de lo mejorcito y así lo demuestran. La base argumental es sólida y muy atractiva (explicar los fraudes de charlatanes que se hacen llamar gurús, médiums o parapsicólogos).

Lo peor: Desaprovechar los dos aspectos más positivos de la película, es decir los actores y el argumento, ambos con un potencial casi infinito que pierde mecha casi desde el principio.

Alternativas: Sin duda, el mejor papel de doctor para Murphy es el interpretado en “Batman Begins”, pero sobre actividades sin explicación “Paranormal Activity” podría ser una opción, enmarcada eso sí en el terror.

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