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Esta crítica está escrita con el fin de valorar Prometheus dentro como film de ciencia ficción, sin entrar en exceso en su relación con el universo Alien. Para aquellos seguidores de la saga, así como para quienes ya han visto la película y quieren debatir preguntas que en ella se plantean, os sugerimos leer nuestra crítica con spoilers, donde analizamos no sólo los principales puntos del film, sino qué relación y significado pueden tener con nuestros “queridos” Alien.

Prometheus es a la ciencia ficción lo que el Batman de Nolan al género de superhéroes. Muestra con un realismo brutal una trama compleja y elaborada, sin por ello restar espectacularidad visual. En la película acompañamos a un grupo de científicos que, basándose en descubrimientos arqueológicos, siguen un mapa a través de las galaxias cercanas para llegar a un planeta en el que, supuestamente, están nuestros creadores.

La película, dirigida por Ridley Scott, tiene una gran expectación dado que podría ser el antecedente de la famosa saga de Alien. Al menos el universo construido en torno a ella así lo asemeja. Nos encontramos a bordo de una nave espacial donde, bajo criogenización, los tripulantes pasan durmiendo la mayor parte del viaje. Sólo David (un inmejorable Michael Fassbender) está a los mandos de la nave pues no necesita dormir, es un robot.

El aporte filosófico se ve desde las primeras escenas a bordo de la Prometheus, donde vemos la curiosidad creciente de David por sus compañeros de viaje, así como por toda la cultura de la Humanidad, intentando imitarla a su manera.

David es el personaje más interesante de toda la película, tanto por la personalidad que le construyen como por la abstracción que puede ofrecer respecto a sus creadores. Tras descubrir lo que estaban buscando, Holloway (Logan Marshall-Green) le pregunta totalmente ebrio de fracaso y alcohol, por qué creen que les habrán creado a los humanos. David le responde con la misma pregunta, “por qué me construisteis a mí”. Holloway le responde “porque podíamos” y la respuesta definitiva viene de David “imagínese lo frustrante que puede ser que su creador le ofrezca la misma respuesta”.

Lo cierto es que de todos los personajes de la tripulación (hasta 17) tan sólo David y la científica Elizabeth Shaw (Noomi Rapace) presentan una personalidad evolutiva e interesante, mientras que el resto de tripulantes pasa más o menos desapercibido, con alguna que otra intervención graciosa o tensa, pero apenas importante. Ni siquiera la presencia de Charlize Terón como la jefa de la nave deslumbra como es característico en ella. Y no sólo porque el guión de Jon Spaihts y Damon Lindelof (Perdidos) muestre personajes planos, Terón parece no estar cómoda por una personalidad tan incoherente como la que presente, de fría a sensible, por mucho que intenten justificarlo a través de un padre que la desprecia.

Pero si en construcción de personajes la cosa flojea, en la presentación del planeta y los entornos a los que llega la nave Prometheus son otra cosa. El planeta es un árido desierto con una pista de aterrizaje, compuesto principalmente por dióxido de carbono y metano, además de varios componentes minerales. El visionado en 3D nos dejará bellísimas escenas como la tormenta de metal o las reacciones en las explosiones finales a las que asistimos atónitos ante el espectáculo creado.

Scott quería presentar espacios vacíos y amplios, sin perder espectacularidad ni realismo. Los encargados de los efectos especiales, se vieron en el reto de crear un planeta nueva, de extrema belleza a pesar de su aridez, y creíble. Lo consiguen, igual que son capaces de aportar ese toque de credibilidad sobre los vehículos, sobre todo las naves, no sólo cuando están fijos, sino y sobre todo, en movimiento. El aterrizaje de la Prometheus es, de largo, el mejor en una película de ciencia ficción, así como su enfrentamiento a la nave nodriza es tan real que sorprende.

El otro entorno en el que transcurre la mayor parte del film es oscuro, una especie de cueva donde se refugiaron los ingenieros o creadores, en el que cualquier contacto exterior parece destrozar el envoltorio en el que estaban guarecidos, desatando con ello toda la tragedia que podremos ver a lo largo de la película. En esta sucesión de eventos, tan trágicos uno tras otro, encontramos escenas impactantes, sin precedentes y por las que es casi obligatorio ir a verlas al cine, por sus increíbles dimensiones (son elementos gigantescos) y por el ambiente que se consigue. Recomendamos ver en un cine de gran tamaño donde el aire acondicionado a tope acompañe esa escenografía fría y desesperanzadora, con un sistema Dolby Digital perfecto, que permite oír hasta el más mínimo susurro de piedra moviéndose y en calidad digital a la máxima potencia. Ante la duda, aconsejamos el HD frente al 3D dado que este efecto se circunscribe principalmente a los entornos naturales, más que a los elementos con los que interaccionan los personajes o las figuras, humanas y no humanas.

No os desvelaremos nada, sólo advertiros que cuando vayáis al cine estéis muy alerta a escenas que tienen que ver con gusanos de tierra, con embarazos no deseados o con naves de auxilio supuestamente vacías. Los efectos que podremos ver y notar tras su visionado son definitivos. Existe un antes y un después tras las escenas vistas en Prometheus.

Y lo más sorprendente es que estas escenas son vistas con la compañía de una música suave, constante, pero con elevaciones muy ligeras. No esperéis de Prometheus un film de terror ni tampoco una película de fantasía de acción. Es ciencia ficción en su más puro sentido, con mucho trasfondo psicológico y donde las consabidas decisiones humanas son tan decisivas como las consecuencias alienígenas que desatan. Una space opera preciosa, bella a la par que aterradora, pero no por los consabidos sustos gratuitos al personal, sino por lo que supone, por lo que significa, por lo que despierta.

Es lo que Ridley Scott prometía, algo que tanto los fans de Alien como los seguidores de la ciencia ficción necesitábamos. Un principio, que superase incluso a sus descendientes (anteriores películas de la saga), a sus contemporáneos (es mucho más realista el planeta de este universo que el de Avatar) y ya veremos respecto a sus secuelas. Que haberlas, puede haberlas. Y a nosotros nos encantaría.

Valoración: 8/10

Lo mejor: La recreación del planeta y los vehículos es tan perfecta como espectacular. Las especies alienígenas sorprenden en todo momento ante la cámara, no desfallecen lo más mínimo.

Lo peor: Muchos personajes están poco trabajados y desaprovechados. El entorno hostil limita mucho las localizaciones, por lo que los escenarios son escasos.

Alternativas: En ciencia ficción sólo Star Wars plantea un universo similar por sus posibilidades (está aún por ver que se aprovechen las de Prometheus). En calidad visual Avatar ofrece una alternativa más colorida y digital aunque con menor credibilidad.

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