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Una aventura como la de “Habitación en Roma”, entre dos auténticas desconocidas y por una sola noche, conforma en sí misma un universo paralelo llego de magia, fantasía, romance y mucha, mucha pasión.

Por una noche, al menos esa noche, las protagonistas se extraen de sus vidas normales para dejarse llevar y dar rienda suelta a sus sentimientos y deseos. Crean una relación casi perfecta, de principio a fin. Tienen un comienzo, que es el encuentro en un local de Roma, donde ahogan en solitario sus respectivas penas. Tienen un desarrollo, que es la película.

Y, obviamente, existe un final, normalmente en estas ocasiones un final de relación feliz, pues es de forzado mutuo acuerdo, por el que cada una recupera su vida y ambas se quedan con el recuerdo de una noche mágica, que no cambia sus vidas más que por el esbozo de una sonrisa ante el rememoramiento del pasado. La diferencia con cualquier otra ruptura o muerte de la pareja es que, en estos casos, el fin de la relación es justificado y lógico, además de que sabes que esa persona sigue su vida, a miles de kilómetros de distancia, pero que de vez en cuando se parará, aunque sea unos segundos, para pensar en ti.

En “Habitación en Roma” la pasión se intensifica dado que se trata de una relación homosexual entre dos mujeres que esperan su avión de regreso a España y Rusia, respectivamente. Lo que podría haberse quedado en un desliz entre las protagonistas respecto a sus parejas en la “vida real”, se convierte en un torrente de encuentros cada vez más intensos y, al mismo tiempo, con un creciente sentimiento de amor recíproco correspondido, pero imposible.

Julio Medem propone, en un formato de alegoría romántica, este encuentro por el que las dos mujeres se presentan mutuamente logros y fracasos de sus vidas, situaciones actuales, pasados difíciles de superar y, gracias a los mapas de Bing, ubicaciones reales donde transcurren sus vidas cotidianas.

La Habitación escogida en un hotel de Roma combina el arte renacentista de pinturas clásicas con una decoración propia de estilo toscana italiana, de modo que podemos ver escenas de contraste con una de las protagonistas asomada a un semi rural balcón lleno de flores, mientras dentro, en la habitación, la otra mujer se rodea de escenas de la Antigua Grecia y de Cupido.

La experiencia que ofrece Medem, pues más que un film al uso es todo un sentimiento lo que podemos percibir, se rodea perfectamente de los iconos gráficos partiendo de la decoración de la habitación, pero además se deja acompañar por una banda sonora más que acertada. Loving Strangers, de Joyce Pook parece hecha para este film, al describir el encuentro de dos amantes desconocidos. Con otros temas intensifica los momentos más dramáticos o escenas más moviditas, según el caso, como con el Tango Delle Ribista, Libera Me o Aprodite.

En cuanto a interpretación, Elena Anaya es la más ambigua, con una gran credibilidad en el papel, aunque al mismo tiempo parece forzar alguna que otra situación y sentimiento. Natasha Yarovenko, si bien más plana en su personaje, es bastante más creíble en las escenas de mayor dramatismo. Ambas, no obstante, realizan un trabajo estupendo en un film realmente complicado en cuanto a interpretación, dado que con escenas de desnudos integrales debían transmitir más sentimiento que sensación.

“Habitación en Roma” debería experimentarse como lo hacen las protagonistas. Debería disfrutarse con su visionado, dejar que terminase de forma natural y apartarla a un lado para continuar adelante con nuestras vidas. No es una película, es una experiencia, de la que siempre nos quedará el recuerdo…

Valoración: 7/10

Lo mejor: El reflejo de sentimientos que las protagonistas son capaces de transmitir, así como el cuidado equilibrio entre decoración, banda sonora y escenas.

Lo peor: Algunas sobreactuaciones y la explotación exagerada de alegoría romántica en algunos momentos como Cupido y la lanza de la bañera.

Alternativas: Roma es de nuevo escenario de un film romántico en la última producción de Woody Allen, “To Rome with Love”, mientras que Julio Medem, antes de filmar una aventura romántica fugaz como ésta, explotó el amor eterno entre una pareja con “Los amantes del Círculo Polar”.

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