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Pánico en la granja - Crítica
Un cartero se dirige a la granja, se detiene en el puesto del gendarme y le entrega un paquete, luego se dispone a subir al resto de casas. Hasta ahí todo normal. De hecho, es lo único que no es una locura en toda la película. Cuando tras tocar el timbre se despiertan un indio y un vaquero (sí, como los muñecos de la más tierna infancia), las cosas parecen algo ilógicas. El colmo viene cuando aparece un caballo en la ducha, que termina abriendo la puerta al cartero. Por cierto, que sus nombres son Indio, Vaquero y Caballo.

Hoy es el cumpleaños de Caballo y Vaquero e Indio, sus compañeros de piso, le quieren regalar una barbacoa casera hecha con ladrillo. Por accidente piden una barbaridad de millones de ladrillos, que terminan derrumbándose por la granja, coincidiendo con la llegada de unos pulpos ladrones y terminando en una batalla campal entre los vecinos de la granja y los habitantes del mar, lanzando éstos peces espadas y aquellos cerdos y vacas con catapultas… ¡Tal cual!

“Pánico en la granja”, que personalmente creo que debería llamarse “Caos en la granja”, es una comedia realizada con la técnica de stop motion, que tiene lugar en una granja francesa, con los 3 protagonistas mencionados como causantes de un desastre tras otro, en un ritmo frenético que no cesa en toda la película. Por hacer un símil con algo conocido, es una mezcla entre lo irreal, despreocupado e intenso de Bob Esponja, con lo absurdo y carente de linealidad de “Agárralo como puedas”.

Por un lado está el hecho de que uno de los protagonistas es un Caballo enamorado de la profesora de música de la granja, que es una yegua. De hecho, según el caso, unos animales son, pues animales, mientras otros razonan como personas. Además pueden respirar tanto dentro como fuera del agua, a veces se ayudan de peceras improvisadas en la cabeza como televisores hinchables, otras usan snórquels en la profundidad del océano… ¡Lo dicho, una locura!

Por otro lado, la caótica y despreocupada mente de Indio y Vaquero genera situaciones desternillantes. Para ejemplos la partida de ping pong mientras Caballo arregla su casa, la partida de póquer mientras caen por una larguísima cueva hacia un suelo de lava, así como el comportamiento de otros personajes como el gendarme con poco talento, el granjero histérico o los científicos locos que juegan a tirar bolas de nieves gigantes con su robot en forma de pingüino a los ciudadanos de otras áreas del mundo…

¿Hay algo que parezca tener sentido?

La linealidad se coge a pie juntillas y en un momento están en la nieve, como en otro caminando por el mar, peleando en la granja, o de fiesta de cumpleaños. Esta caótica puesta en escena voluntaria de los directores Stéphane Aubier y Vincent Patar, dificulta un poco la catalogación del film. Los más pequeños quizás no entiendan muchas situaciones, y en alguna ocasión se producen insultos o escenas que pueden herir su sensibilidad como una supuesta vaca partida en dos en medio del camino. Incluso aunque los creadores han tenido el detalle de poner una botella de kétchup al lado, puede que los más peques no consigan identificarla y confundan la escena. De hecho, “Pánico en la granja” está repleta de detalles que aumentan el valor creativo y productivo desarrollado, más teniendo en cuenta el enorme esfuerzo que cuesta una película animada en formato stop motion.

Los adultos, por su parte, pueden ver demasiado infantiles las escenas y situaciones, además de que no conseguirán aceptar escenas inverosímiles como un baile romántico entre caballos o que un cerdo y un calamar puedan perseguirse por el mar o por la granja indistintamente.

No obstante, aquellos menores acostumbrados a la locura de Bob Esponja, Los Simpsons y similares, no tendrán problema en desternillarse con la mayor parte del metraje. Los adultos seguidores (además de las dos series anteriores) de South Park (salvando la distancia en cuanto a violencia), de películas paródicas y que no sean exigentes con el guión, podrán disfrutar de toda la comedia que impregna el film, así como de otros muchos detalles medio ocultos que se dejan entrever entre los escenarios y las reacciones de los personajes.

Una apuesta arriesgada la de estos directores franceses y su equipo, pero con una calidad en movimientos y efectos aplicados de lo más notable. Cine de animación independiente sólo aptos para los amantes de la locura narrativa.

Valoración: 6/10

Lo mejor: El ritmo incansable de los protagonistas y las escenas absurdas sin sentido alguno. El stop motion aplicado es sobresaliente en casi todos los aspectos.

Lo peor: Será rechazada por un amplio sector del público por el caótico transcurso de cada acontecimiento.

Alternativas: Para los más pequeños “Otra película de huevos y un pollo” es un gran ejemplo de animación independiente. Los adultos podemos entretenernos con “Rango” y esperamos con ansias qué nos puede traer Tim Burton con su también en stop motion “Frankenweenie”.

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