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Raizo es un huérfano al que recogió de niño el clan Ozunu y que, junto al resto de hermanos, es criado y adoctrinado en el arte ninja. Pero Raizo, harto de las duras e injustas enseñanzas del clan, decide huir, algo que está penado con la muerte.

Mientras tanto, Mika y su jefe Ryan, empleados de la Interpol, siguen la pista de unos asesinatos políticos en Dublín y descubren la historia de los 9 clanes, organizaciones ninja secretas, que venden a sus asesinos por 50 kilos de oro desde hace 1.000 años. Su investigación y la refriega entre Raizo y los Ozunu se entrecruzarán en una orgía de matanzas, disparos, estrellas ninja, armas de todo tipo y sangre, mucha sangre.

El director James McTeigue intentó revivir con Ninja Assassin el género de lucha asiática y las películas ninja de los 80, pero enmarcando una historia en un entorno más actual. Nada de trajes de colores chillones, ni planos exagerados de mirada contra mirada. Estos ninja van enlatados en trajes negros de lo más chulos y armados hasta los dientes con brillantes, plateadas y punzantes armas blancas. Para diferenciarse de forma clara, cual Barrio Sésamo, el protagonista siempre viste diferente o lucha descamisado, haciendo gala de cuerpo ultra-fibrado.


La coreografía también rompe moldes, con movimientos de salto e impacto, menos acrobáticos en apariencia, pero con una base excepcional. Además, van unidos a lanzamientos de estrellas ninja en grupo, formando arcos visuales en movimiento tan mortales como sorprendentes visualmente. El cuchillo con cadena del póster es usado salvajemente con resultados fantásticos. Por último, los combates con espadas mantienen su legendario y elegante espíritu aunque son bastante menos espectaculares.


El agujero negro que se traga la calidad de la película es el vacío argumental por la incoherencia de su desarrollo. Mika y Ryan no pintan nada en esta vendetta ninja. Si bien es cierto que chica y ninja se salvan la vida mutuamente, sus caminos se entrecruzan con calzador. Raizo no habría sido tan “fácilmente” atrapado si no hubiera querido ayudar a la joven forense, acción que no llega a aclararse por qué sucede. Un ejemplo más desarrollado de elemento ajeno que se integra correctamente es el de Blade y la doctora Karen. Química entre ambos perfecta que ni se transmite igual en Ninja Assassin, ni se razona al mismo nivel.

Aún así, a pesar de que este flojo ensamblaje de arcos narrativos empaña el resto de aspectos del film, lo cierto es que el ritmo es absolutamente endiablado y constante. En el transcurso de los primeros 10 minutos, veremos una increíble carnicería con brazos amputados, piernas cortadas, caderas segadas y cabezas fuera de su cuerpo, a golpe de impactantes ataques de ninja y siempre acompañados de litros de sangre. Este explosivo comiento, que toda película de acción que se precie debería tener, se mantiene durante todo el metraje, bien en combates individuales, o bien en enfrentamientos grupales entre el clan Ozunu y los cuerpos especiales de la Interpol.


Ritmo salvaje, sostenido por una banda sonora electrizante y unos sonidos de choque entre metales, armas sibilantes y disparos a fuego encarnizado, todos ellos sobresalientes. Sin olvidar el obligado toque de fantasía espiritual que toda película de ninja debe poseer por derecho propio.

Lo mejor: La acción es imparable de principio a fin y las luchas con armas blancas totalmente alucinantes.
Lo peor: La base argumental está muy cogida por los pelos. Se podría haber hecho mucho más con menos.

Valoración: 7/10

Alternativas: Para acción incesante “Los Mercenarios” ha sido el título más destructivo sin guardar rehenes. Para los amantes del cine asiático, Red Cliff (Acantilado Rojo) está más enfocado a la historia antigua de China, pero sus batallas son épicas.

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