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scream
Año: 1996
Master of Horror: Wes Craven
Scream Queen: Neve Campbell

Una joven recibe una llamada telefónica mientras está en su casa a punto de ver una película. La persona al otro lado del teléfono, que al principio parecía haberse equivocado al marcar el número, es en realidad un asesino que la está observando y que la somete a un macabro juego. Si responde correctamente a unas preguntas sobre películas de miedo, sobrevivirá. En caso contrario, será la protagonista de un asesinato real.

Tras el suceso con la joven, en el Instituto de la zona se desata el caos. Algunos jóvenes comienzan a ser asesinados. Todo parece estar relacionado con la muerte de la madre de Sidney Prescott (Neve Campbell), asesinada hace justo un año.

Del asesino sólo se sabe que lleva una túnica negra, un cuchillo muy afilado y una máscara blanca fantasmagórica. Un traje que puede encontrarse en cualquier tienda de disfraces para Halloween.

Wes Craven quiso (y consiguió) dar una vuelta de tuerca a los slasher de los 90. Tras varias películas centradas en monstruos del más allá o, cuando menos inmortales, como Jason de Viernes 13 o Freddy Kruger de Pesadilla en Elm Street, los films de género habían caído en la repetición y ningún espectador se sentía identificado. Había una escasa probabilidad de que uno de esos monstruos se te cruzase en el pasillo de tu casa. Wes Craven cambió la trama y creó a un asesino real, pero cuya personalidad era totalmente desconocida, y que asesinaba cruelmente a sus víctimas como si de un monstruo maníaco se tratara.

En clave de autoparodia por sus films y también por los del resto de este subgénero, Scream homenajea a varias películas antecesoras e incluso no se corta a la hora de hablar de ellas dentro de su propio guión. Una de las máximas de la película e incluso de la saga, son las reglas y estereotipos de toda película de terror, que no sólo se repiten en este film, sino que generan debate entre los propios protagonistas.

¿Por qué una víctima corre hacia la parte superior de una casa cuando la salida lógica es por la puerta de entrada? ¿Está íntimamente relacionado el acto sexual con que seguidamente te conviertas en la próxima víctima del asesino? Estas y otras preguntas son planteadas por los protagonistas del film y retratadas en forma de respuesta en la propia historia.

Pero Wes Craven no sólo se limitó a “copiar” argumentos ya vistos, sino que aprovechó para incluir nuevas facetas. Por ejemplo, el asesino podría ser cualquiera, de hecho en la saga siempre es alguien conocido que ha salido como protagonista importante. Se plantea de hecho si existe uno o varios asesinos. Los jóvenes, lejos de luchar contra posibles amenazas, se congregan en un solo lugar para hacer más fácil el trabajo del asesino. Eso sí, lo hacen organizando una buena fiesta. Los elementos externos como la policía o la prensa se implican en el argumento hasta el punto de formar parte del elenco principal de personajes.

La frescura del nuevo entorno, mucho más real que cualquier otra película anterior y adaptada fielmente a su situación actual, alejándose de los años 80, permitió una identificación total del público objetivo: los adolescentes que acudían al cine para asustarse y gritar en 1996, año en que se estrenó la primera parte.

El asesino, Ghostface, motivó también una buena aceptación del film y de la saga en general, al mostrar personalidad propia y humana. Es un tipo con humor macabro, tanto por su forma de matar como por sus conversaciones por teléfono con las víctimas, para las que se ayuda de un distorsionador de la voz. Además, demuestra que no sólo es humano, sino que lo de matar es algo relativamente nuevo para él o ella. Se tropieza, comete errores, recibe golpes o incluso tiene que terminar huyendo cuando la cosa se le complica ante una víctima algo esquiva, que precisamente es una característica de todos los alumnos de institutos.

Ghostface, el tono Wes Craven y la frescura que supuso Scream resucitaron el slasher y lo trasladaron a entornos reales y mucho más cercanos al espectador. A partir de aquí se sucedieron no sólo las secuelas, sino películas imitativas como “Sé lo que hiciste el último verano”, “Leyenda urbana”, etc. Pero siempre era Ghostface y la complicada trama que se le ocurría al director, la que generaban una expectación a la altura de las circunstancias.

Wes Craven, totalmente consciente de la importancia de la resolución del guión, y prevenido del peligro de Internet, jugó en la realidad con los espectadores de futuras secuelas, lanzando por la Red guiones falsos de la película con resoluciones que nunca se rodaron. Incluso llegó a rodar la escena en la que se descubre al asesino, siempre en último lugar y facilitando el guión a los actores ese mismo día. De esta forma, ni los propios protagonistas sabían quién era el verdadero asesino.

Scream, como primera parte, también tiene ciertas curiosidades. Se parodia a Freddy en una escena-homenaje con el personal de mantenimiento del Instituto. Se muestran imágenes de la película Halloween y su actriz, Jamie Lee Curtis es ensalzada como gran Scream Queen de la época. La propia actriz que encarna a la primera víctima, Drew Barrymore, fue aclamada por su actuación. Al parecer pudo haber sido la protagonista del film, pero prefirió ser la primera víctima y así ser conocida como la que inició todo. No sabía que iba a ser una fructífera saga cinematográfica, pero quitando al resto de personas asesinadas por Ghostface, ella será la que nunca olvidarán los espectadores. Efectivamente, fue la primera. Y tanto por su importancia en Hollywood, como por lo que le sucede al resto de personajes, Scream se caracterizó desde entonces con una doble máxima: cualquiera puede ser cualquiera. De esta forma, ninguno de los protagonistas tenía asegurado llegar vivo a la siguiente película. Y así se puede ver a lo largo de la saga. Del mismo modo, ningún actor está libre de posible pecado y cualquiera puede ser el asesino. Y también esta regla se ha cumplido desde la primera película hasta la actualidad.

Lo mejor: Ghostface ha alcanzado la fama mundial y ha sido aclamado como mejor asesino basado en una persona humana, sobre todo por su torpeza a la hora de matar. Las escenas y los entornos, totalmente naturales, dan un aire nuevo a los slasher totalmente irresistible.

Lo peor: La exageración en las actuaciones estaban pensadas para hacer gritar a los espectadores en el cine. Hoy en día, un recurso tan manido genera rechazo al visionarlo más de una vez.

Nivel de miedo:

Los sustos están más que garantizados. En ningún momento hay momentos de terror antinatural, pero la sensación de peligro es constante en casi todas las escenas, nocturnas y diurnas.

Nivel de gore:

Ghostface no es precisamente un cirujano y sus asesinatos muestran vísceras, intestinos y litros de sangre desparramados por todos lados. Si bien, se basan en asesinatos humanos y no hay exceso alguno.

Nivel de erotismo:

Al contrario que el resto de pelis de terror de la época, Scream no se aprovecha de las carnes femeninas o masculinas para atraer espectadores. Todo es de boquilla y la única escena de cama es prácticamente para todos los públicos.

Nivel de violencia:

El “pobre” Ghostface recibe más palos que sus propias víctimas. Le lanzan botellas, le pegan patadas, lo empujan, lo hacen tropezar, cae de bruces numerosas veces, rompe cristales, muebles, etc. Lo increíble es que consiga volver a levantarse antes de que lo rematen sus propias víctimas. Todas ellas, dicho sea de paso, se enfrentan al asesino a pesar de la terrorífica situación de sentirse amenazado por un gran cuchillo. Es una de las mejores cosas de Scream, que asesino y víctima tienen casi las mismas posibilidades de sobrevivir a la batalla.

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Póster original en IMP Awards

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